La negación de la edad es una tontería. No le tengo miedo a esta etapa que empieza a los sesenta años. Ser sexagenario no está tan mal. Cuando acudo a un gimnasio o cuando salgo a trotar, nadie piensa que no quiero aceptar que no soy un pendejo; por el contrario, algunos dirán con simpático asombro: ¡Miralo al viejito! Cumplir seis décadas es estar frente a una encrucijada, frente a la decisión de elegir nuestro próximo derrotero: nos convertimos en un trasto viejo, en un desubicado, o en un hombre maduro que comienza su andar de viejo sabio, de quien comienza a adivinar los finales de las películas sin dejar de disfrutarlas por ello.
Tener la certeza de ya no ser joven no me lleva a coincidir con Georges Bernard Shaw y pensar que la juventud es un defecto que se cura con el tiempo, prefiero si referirme al acerto de Alejandro Pushkin, aquel que decía: Feliz aquel que fue joven en su juventud, feliz aquel que supo madurar a tiempo. El miedo a la vejez es un invento del capitalismo, es la prolongación del consumismo: se demanda más cremas antiarrugas y no solo me refiero al viagra, sino a teñidos más sofisticados que la tradicional carmela, a usar colita en el pelo o aritos; y si pertenecemos a una capa de ingresos altos, hasta podemos llegar a intentar la gran Legrand. El temor a la vejez hace que la ocultemos, que sea considerada como algo indigno.
En nuestras vidas vamos superando, viviendo, distintas etapas: somos niños, jóvenes, adultos, y finalmente el premio de llegar a viejo. Nosotros atravesamos las cuatro etapas de la vida y si negamos una, tendremos problemas. Cuando por no acceder a un mínimo de confort o cuando se nos forma exclusivamente en un mundo de concentradas riquezas materiales, perdemos la infancia y perderemos la capacidad de soñar, de ser creativos. Si se nos reprimió la adolescencia a fuerza de tener que ser adultos o empastillarnos y sus variantes, vamos a perder la rebeldía. Lo importante es seguir creciendo, es como pasar por distintas estaciones. Como sostiene el psicólogo Alfredo Moffat (Terapia de Crisis. La emergencia psicológica), en cada una hay que bajarse y tomar el otro tren (son las crisis evolutivas). Algunos se bajan en una y ahí se quedan, no siguen en el viaje de la vida.
Ser un geronte es una etapa muy rica porque es la época de la reflexión, es cuando podemos expresarnos como filósofos y de sentir la fuerza de la libertad sartreana. Algunos comienzan a temerle a la muerte; de todas maneras, el final del proceso de la vida es un tema negado en nuestra cultura. La agonía, a veces tiene características traumáticas, como algunos partos al inicio.
Se puede tener setenta, ochenta, noventa o más años años, y tener proyectos, que es lo que aleja a la muerte. Lo decía Pichón Rivere anciano: “la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos”. El tema es la construcción de la esperanza.
Buscaré no convertirme en un trasto viejo y disfrutar el camino a la vejez, sin ignorar sus miserias pero sin dejar de disfrutar sus ventajas. Y no es algo que parezca difícil. Pensaré qué cosas haré apenas termine esta, siempre viviré el hoy y querré hacerlo mañana. Daré un sentido al tiempo. Así lo aprendo en la serenidad de mi padre, en los planes para continuar el futuro que me cuenta mi noventosa madre; porque después de todo, los padres que no le tienen miedo a la muerte educan hijos que no le tienen miedo a la vida.
Juan Carlos Ramirez.
lunes, 9 de mayo de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
Pedagogía militante
La Escuela Pública debe responder a las necesidades públicas y con tal propósito, el Estado diseña los núcleos y competencias a desarrollar.
La globalización impacta en las necesidades de conocer los pro y consecuencias del modelo económico imperante, y las instrumentaciones políticas y culturales en juego que permiten que siga siendo dominante. La necesidad de superar la visión fragmentaria de las geografías enseñadas, llevaron a modificar los contenidos para comprender al espacio como algo que transformamos por razones económicas a través de instrumentaciones políticas. Desde esta posición nos alejamos de la enseñanza de la geografía física para enseñar a buscar comprensiones de cómo las políticas neoliberales han impactado en la apropiación de recursos naturales y la modificación de las condiciones de vida de las sociedades. No es que ya no importa cómo es el paisaje de desiertos o cómo es la vida en escenarios para nosotros, exóticos. Se trata de que a esos conocimientos, accedemos a través de los facilitadores medios masivos de comunicación. Ellos nos traen permanentemente imágenes, comentarios, divulgaciones precisas sobre lo que antes conocíamos sólo a través de fotos en manuales.
Los nuevos recursos energéticos y la lucha por el medio ambiente, sobre su concepción y administración, debía ocupar un espacio preponderante en esa enseñanza, y de ahí las reformas implementadas. Los desastres que la naturaleza provocó en Japón, no deben impedirles a los estudiantes ver la consecuencia de la implementación de plantas de energía nuclear en zonas potencialmente peligrosas, ni como el Estado que regula estas actividades, priorizó la continuidad de la producción en desmedro de la protección de sus ciudadanos. Posibilitarles la comprensión del rol de los medios de comunicaciones globales para que vislumbren los propósitos de esos medios, al no seguir el tema, al no dar información sobre las personas a las que se expuso a radiación y/o contaminación por no cerrar o evacuar preventivamente; y además enseñar cuáles son las energías alternativas o buscar cuáles podrían serlo.
Nuestros establecimientos educativos no deben tener alumnos ya que no los alumbramos, ni menos aún tener educandos, ya que lo que necesitamos es que lo cuestionen todo, que indaguen permanentemente buscando su máximo de creatividad.
Creatividad significa dar a luz, producir; la creatividad es un proceso dinámico en donde se da la capacidad de encontrar relaciones en forma de nuevos esquemas. La enseñanza debe provocar cambios en cuanto a la fluidez, flexibilidad, elaboración, originalidad, sensibilidad a los problemas y su redefinición. Innovación y apertura al entorno es una de las metas a conseguir mediante la enseñanza de cualquiera de los espacios, necesaria para buscar el máximo de cohesión social respetando la diversidad.
Originalidad supone independencia y autoconfianza, y este es un desafío a atender por los profesorados. Sólo se pueden alcanzar si ambos actores, estudiantes y docentes, han desarrollados estos supuestos. Mientras los que estamos saliendo del sistema tradicional aprendimos lo previsible, nuestros estudiantes deben ser capaces de gestionar las incertidumbres.
La revolución educativa en marcha a través de la fuerte inversión del Estado en libros y en el acceso indiscriminado a la red, permitirá que tanto los docentes como los estudiantes, accedan a los nuevos conocimientos a un mismo tiempo. Con estudiantes temerosos de la participación, no desarrollaremos adultos críticos e innovadores; con docentes no respaldados, sin una autoestima alta por miedo a la intervención de inspectores políticos en las escuelas, tampoco podrán canalizarse las políticas educativas ni el pensamiento crítico de sus estudiantes, y todo el esfuerzo será en vano.
Este es el Año de la Inclusión, de ese desafío nos tenemos que encargar toda la sociedad, pero es el docente el actor social más privilegiado para su logro. Inclusión no debe volver a significar contener en un ámbito para que no nos molesten los jóvenes en las calles. Inclusión significa escuchar y abrir brechas para todos. Y para esto, la Pedagogía debe ser militante y los docentes debemos ser Militantes de la Educación.
Este es el desafió del momento educativo: Capacitar para la gestión de la incertidumbre, acumulación de conocimientos para su transformación, innovación de prácticas de estudios y de enseñanza para todos.
Por: Juan Carlos Ramirez
La globalización impacta en las necesidades de conocer los pro y consecuencias del modelo económico imperante, y las instrumentaciones políticas y culturales en juego que permiten que siga siendo dominante. La necesidad de superar la visión fragmentaria de las geografías enseñadas, llevaron a modificar los contenidos para comprender al espacio como algo que transformamos por razones económicas a través de instrumentaciones políticas. Desde esta posición nos alejamos de la enseñanza de la geografía física para enseñar a buscar comprensiones de cómo las políticas neoliberales han impactado en la apropiación de recursos naturales y la modificación de las condiciones de vida de las sociedades. No es que ya no importa cómo es el paisaje de desiertos o cómo es la vida en escenarios para nosotros, exóticos. Se trata de que a esos conocimientos, accedemos a través de los facilitadores medios masivos de comunicación. Ellos nos traen permanentemente imágenes, comentarios, divulgaciones precisas sobre lo que antes conocíamos sólo a través de fotos en manuales.
Los nuevos recursos energéticos y la lucha por el medio ambiente, sobre su concepción y administración, debía ocupar un espacio preponderante en esa enseñanza, y de ahí las reformas implementadas. Los desastres que la naturaleza provocó en Japón, no deben impedirles a los estudiantes ver la consecuencia de la implementación de plantas de energía nuclear en zonas potencialmente peligrosas, ni como el Estado que regula estas actividades, priorizó la continuidad de la producción en desmedro de la protección de sus ciudadanos. Posibilitarles la comprensión del rol de los medios de comunicaciones globales para que vislumbren los propósitos de esos medios, al no seguir el tema, al no dar información sobre las personas a las que se expuso a radiación y/o contaminación por no cerrar o evacuar preventivamente; y además enseñar cuáles son las energías alternativas o buscar cuáles podrían serlo.Nuestros establecimientos educativos no deben tener alumnos ya que no los alumbramos, ni menos aún tener educandos, ya que lo que necesitamos es que lo cuestionen todo, que indaguen permanentemente buscando su máximo de creatividad.
Creatividad significa dar a luz, producir; la creatividad es un proceso dinámico en donde se da la capacidad de encontrar relaciones en forma de nuevos esquemas. La enseñanza debe provocar cambios en cuanto a la fluidez, flexibilidad, elaboración, originalidad, sensibilidad a los problemas y su redefinición. Innovación y apertura al entorno es una de las metas a conseguir mediante la enseñanza de cualquiera de los espacios, necesaria para buscar el máximo de cohesión social respetando la diversidad.
Originalidad supone independencia y autoconfianza, y este es un desafío a atender por los profesorados. Sólo se pueden alcanzar si ambos actores, estudiantes y docentes, han desarrollados estos supuestos. Mientras los que estamos saliendo del sistema tradicional aprendimos lo previsible, nuestros estudiantes deben ser capaces de gestionar las incertidumbres.
La revolución educativa en marcha a través de la fuerte inversión del Estado en libros y en el acceso indiscriminado a la red, permitirá que tanto los docentes como los estudiantes, accedan a los nuevos conocimientos a un mismo tiempo. Con estudiantes temerosos de la participación, no desarrollaremos adultos críticos e innovadores; con docentes no respaldados, sin una autoestima alta por miedo a la intervención de inspectores políticos en las escuelas, tampoco podrán canalizarse las políticas educativas ni el pensamiento crítico de sus estudiantes, y todo el esfuerzo será en vano.
Este es el Año de la Inclusión, de ese desafío nos tenemos que encargar toda la sociedad, pero es el docente el actor social más privilegiado para su logro. Inclusión no debe volver a significar contener en un ámbito para que no nos molesten los jóvenes en las calles. Inclusión significa escuchar y abrir brechas para todos. Y para esto, la Pedagogía debe ser militante y los docentes debemos ser Militantes de la Educación.Este es el desafió del momento educativo: Capacitar para la gestión de la incertidumbre, acumulación de conocimientos para su transformación, innovación de prácticas de estudios y de enseñanza para todos.
Por: Juan Carlos Ramirez
viernes, 22 de abril de 2011
Copistas al fin
Cuenta Laura Ramos que a los 17 años, escribía con una pluma que mojaba en un tintero, apoyada sobre un piano de una casa ajena (solía dormir en diversas casas de amigos de su padre, el `Colorado`Ramos). Más que escribir, cuenta, dibujaba las palabras que imaginaba podría escribir Eugenia, el personaje de Balzac. Refiere que siendo niño, Jean Paul Sartre transcribía relatos de una revista sin considerarse copista porque retocaba los nombres de los personajes. Transcribe: “Esas ligeras alteraciones me autorizaban a confundir la memoria y la imaginación. En mi cabeza se formaban unas frases nuevas y totalmente escritas con la implacable seguridad que se otorga a la inspiración. Yo las transcribía, ellas tomaban para mí la densidad de las cosas. Si, como comúnmente se cree, el autor inspirado es en lo más profundo de sí mismo, otro distinto de sí, yo conocí la inspiración entre los siete y los ocho años”(Las palabras). Laura imitaba a Sartre, quien detenía su escritura simulando que dudaba para sentirse escritor.
Cuenta Laura que en El caballo de Nietzsche, el narrador Abdelfattah Kilito habla de su niñez como copista de clásicos y como aprendiz de escritor: “Cada mañana, al despertarme, abría un cuaderno virgen y esperaba a que se produjese el milagro. Lo único que me venía a la mente eran frases de libros que había copiado. Estaba habitado por las palabras de otros. Incrustadas en mi memoria, constituían una riqueza molesta de la que no era capaz de deshacerme”.
La infinita cultura de Laura le permite recordar que Walser trabajaba como copista en la Cámara de Escritura para desocupados de Zúrich; que Bartleby, el escribiente de Herman Mellville, vive en la oficina, donde copia durante interminables horas del día y de la noche, incluso los domingos. Que los relatos de Melville y Kafka, de acuerdo a Jacques Rancière, se convierten en experiencias de pensamiento (como los textos de Levrero).
Todo su relato La terapia grafológica, nos invita a econocer nuestras limitaciones, a sentirnos más humilde. Llama a practicar la modestia del uruguayo Mario Levrero (El discurso vacío), quien en el acápite de La novela luminosa, dice: “Las personas o instituciones que se sientan afectadas o lesionadas por opiniones expresadas en este libro deberán comprender que esas opiniones no son otra cosa que desvaríos de una mente senil”.
Por: Juan Carlos Ramirez
Nota 1: Sobre el texto La terapia grafològica. Publicado en Diario Clarín. Bs As; Argentina; 20/03/2011
Nota 2: Laura Ramos nació en Buenos Aires, Argentina y pasó su infancia en Montevideo, donde fue alimentada, entre otras cosas, con sopa de letras, puré artificial y cigarrillos negros. Su madre, la revolucionaria y feminista Faby Carvallo, era conocida como “La Maga” entre su cenáculo de amigos intelectuales y bohemios de los sesenta. El nombre de guerra de su padre, el inventor del trotskismo de la izquierda nacional, era “El Colorado”, aunque se llamaba Jorge Abelardo Ramos. Laura trabajó como correctora de los libros que editaban sus padres desde los doce años. Durante el período en el que su padre se refugió en el campo mientras lo buscaba la dictadura militar, se graduó como calificadora de leche vacuna y ejerció el oficio en dos tambos de la provincia de Córdoba. Desde los dieciocho trabajó como camarera, acompañante terapéutica y editora; transcribió ensayos filosóficos de un escritor no vidente, fue redactora especial del diario “La Razón” y colaboradora de Página 12 durante los primeros tiempos de su fundación. Dirigió la sección Transformaciones de la revista El Periodista y realizó coberturas en España, México y Estados Unidos para La Razón y Clarín.
Es autora de Buenos Aires Me Mata (Sudamericana, 1993), llevada al cine en 1997, Ciudad Paraíso (Clarín-Aguilar, 1996), Diario íntimo de una niña anticuada (Sudamericana, 2002) y coautora de Corazones en llamas (Clarín-Aguilar, 1991), que lleva diez ediciones y más de cincuenta mil ejemplares vendidos “Su último libro es “La niña guerrera” (Planeta, 2010).” Sus columnas de aguafuertes en el diario Clarín eran escritas en las servilletas de los bares y discotecas y enviadas a los talleres gráficos por la madrugada. Se leían en los afterhours los sábados y los domingos, recién salidas de imprenta, mientras los acontecimientos narrados aún seguían sucediendo.
Tomado de: www.lauraramosescritora.blogspot.com (21/04/2011)
Cuenta Laura que en El caballo de Nietzsche, el narrador Abdelfattah Kilito habla de su niñez como copista de clásicos y como aprendiz de escritor: “Cada mañana, al despertarme, abría un cuaderno virgen y esperaba a que se produjese el milagro. Lo único que me venía a la mente eran frases de libros que había copiado. Estaba habitado por las palabras de otros. Incrustadas en mi memoria, constituían una riqueza molesta de la que no era capaz de deshacerme”.
La infinita cultura de Laura le permite recordar que Walser trabajaba como copista en la Cámara de Escritura para desocupados de Zúrich; que Bartleby, el escribiente de Herman Mellville, vive en la oficina, donde copia durante interminables horas del día y de la noche, incluso los domingos. Que los relatos de Melville y Kafka, de acuerdo a Jacques Rancière, se convierten en experiencias de pensamiento (como los textos de Levrero).
Todo su relato La terapia grafológica, nos invita a econocer nuestras limitaciones, a sentirnos más humilde. Llama a practicar la modestia del uruguayo Mario Levrero (El discurso vacío), quien en el acápite de La novela luminosa, dice: “Las personas o instituciones que se sientan afectadas o lesionadas por opiniones expresadas en este libro deberán comprender que esas opiniones no son otra cosa que desvaríos de una mente senil”.
Por: Juan Carlos Ramirez
Nota 1: Sobre el texto La terapia grafològica. Publicado en Diario Clarín. Bs As; Argentina; 20/03/2011
Nota 2: Laura Ramos nació en Buenos Aires, Argentina y pasó su infancia en Montevideo, donde fue alimentada, entre otras cosas, con sopa de letras, puré artificial y cigarrillos negros. Su madre, la revolucionaria y feminista Faby Carvallo, era conocida como “La Maga” entre su cenáculo de amigos intelectuales y bohemios de los sesenta. El nombre de guerra de su padre, el inventor del trotskismo de la izquierda nacional, era “El Colorado”, aunque se llamaba Jorge Abelardo Ramos. Laura trabajó como correctora de los libros que editaban sus padres desde los doce años. Durante el período en el que su padre se refugió en el campo mientras lo buscaba la dictadura militar, se graduó como calificadora de leche vacuna y ejerció el oficio en dos tambos de la provincia de Córdoba. Desde los dieciocho trabajó como camarera, acompañante terapéutica y editora; transcribió ensayos filosóficos de un escritor no vidente, fue redactora especial del diario “La Razón” y colaboradora de Página 12 durante los primeros tiempos de su fundación. Dirigió la sección Transformaciones de la revista El Periodista y realizó coberturas en España, México y Estados Unidos para La Razón y Clarín.
Es autora de Buenos Aires Me Mata (Sudamericana, 1993), llevada al cine en 1997, Ciudad Paraíso (Clarín-Aguilar, 1996), Diario íntimo de una niña anticuada (Sudamericana, 2002) y coautora de Corazones en llamas (Clarín-Aguilar, 1991), que lleva diez ediciones y más de cincuenta mil ejemplares vendidos “Su último libro es “La niña guerrera” (Planeta, 2010).” Sus columnas de aguafuertes en el diario Clarín eran escritas en las servilletas de los bares y discotecas y enviadas a los talleres gráficos por la madrugada. Se leían en los afterhours los sábados y los domingos, recién salidas de imprenta, mientras los acontecimientos narrados aún seguían sucediendo.
Tomado de: www.lauraramosescritora.blogspot.com (21/04/2011)
domingo, 17 de abril de 2011
Ay, el amor (sin morir en el intento)
El año pasado, fui a la fiesta donde se anunciaba el Premio Clarín de Novela 2010. Como de costumbre,hubo discursos, homenajes y un número musical. La encargada de ese número fue Soledad Villamil. Morocha y vestida de rojo, ni bien entró al escenario se apoderó de él y nos cautivó con su voz. Sin embargo, cuando llegó el último tema algo empezó a incomodarme. La canción era realmente bella, pero un malestar corporal inespecífico que de a poco se fue definiendo como un repentino dolor de estómago, subió por el medio del pecho y terminó convertido en un nudo en la garganta que no me dejó disfrutarla. Y mientras tanto en mi cabeza se repetía la siguiente frase: “Yo no quiero eso, yo no quiero eso para mí”.
Con la obsesión por la causa-efecto (o causa-síntoma) que desarrolla años de psicoanálisis, intenté precisar cuál era la frase de la canción que interpretaba Villamil que me provocaba esa emoción. Pero enseguida la presentación terminó, vinieron los aplausos, la despedida de los músicos, y el anuncio de que de inmediato se abriría el sobre con el nombre del ganador. No había escuchado el título, pero sí que era música de Alfredo Zitarrosa y letra de Idea Vilariño.
Recién cuando manejaba para llegar a mi casa, apareció otra vez la canción y el dolor de estómago, pero no la frase. Apenas un tarareo, un balbuceo que no lograba encontrar las palabras precisas que me trasmitían ese dolor. Cuando llegué me zambullí en Internet hasta que las encontré. Dicen en la web que cuando Zitarrosa leyó el poema de Vilariño se emocionó tanto que tomó una guitarra y se puso a cantarlo. Dicen que ella le pidió que lo grabara con el nombre: “La canción y el poema”. El estribillo es así:
Quisiera morir -ahora- de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería,
quisiera morir,
quisiera ... de amor,
para que supieras …
Entonces al dolor de estómago y a las ganas de llorar se sumó la frase que se había repetido un rato antes: “Yo no quiero eso, yo no quiero eso para mí”. No quiero morir de amor. Y mucho menos morir de amor para que ése a quien ame, sepa. Tiene que saber mientras estoy viva, no cuando me muera. Y si no alcanza con que lo que diga y haga, si para saberlo necesita tal acto de sacrificio (morir de amor), entonces no sabrá. Quiero vivir en el amor, vivir enamorada pero no morir de amor. No quiero eso ni para mí, ni para mi hija, ni para mis amigas, ni para las hijas que algún día quizás tenga mi hija.
Y por supuesto que esta afirmación nada tiene que ver con el valor poético de una de las más grandes poetas uruguayas, sino con una advertencia, una alarma que suena ante el peligro. La educación sentimental de las mujeres, el concepto de lo femenino, del amor, de cuánto y cómo una mujer debe amar y demostrar que ama, se va configurando por los modelos sociales vigentes, los mandatos familiares y la tradición, en el mejor y en el peor sentido. Y eso nos llega por distintas vías, también a partir de los que nos presenta la televisión, el cine, la literatura.
La canción y el poema de Zitarrosa y Vilariño, me volvió a aparecer hace unos días cuando se repitieron una y otra vez, fuera de toda estadística, los casos de mujeres quemadas por sus parejas. Particularmente cuando oí decir a los especialistas que en muchos de estos casos si la mujer logra hablar mientras es llevada al hospital, en lugar de señalar al culpable, se preocupa por repetir: “Fue un accidente”. Tal como si respondiera a la consigna: “Si voy a morir, que sea de amor y demostrando cuánto y cómo amo”. O alguna consigna equivalente. En la película española del 2003 “Te doy mis ojos”, de Icíar Bollaín, Pilar (la protagonista) sufre la tremenda violencia física y psicológica de Antonio, su marido, y es justamente cuando ella decide darle una nueva oportunidad que le ofrece, desde la palabra, partes de su cuerpo, lo que le da nombre a la película. “Te doy mis pechos, te doy mi boca, te doy mis ojos”, ¿habrá algo más sacrificial que entregar al otro parte del cuerpo de uno? Suena bello, puede ser una poética metáfora, pero no ayuda a la educación sentimental si se lo toma literalmente, ni siquiera en el plano de lo inconsciente. Ese tipo de frases implica una entrega extrema, tan extrema que se lleva la vida con ella. Tal vez una reescritura más sana para la mujer sería algo del estilo: “Puedo darte mis besos, darte mis caricias y darte mi mirada, puedo besarte y mirarte y acariciarte las veces que los dos queramos, pero mis manos son mías, mi boca es mía, y mi cuerpo es mío, aunque te ame”. Claro, ni por asomo es tan poético, pero no estamos hablando de poesía sino de la construcción de un imaginario.
Roland Barthes hizo uno de los mejores aportes a la comprensión de lo que implica la “voz” del amor, sus palabras, sus frases, y sus signos, en “Fragmentos del discurso amoroso”. Para entender ese discurso recurre a Werther, el joven personaje de Goethe que se suicida por amor y produce un efecto de contagio en otros jóvenes (reales) de su época. Pero también recurre, entre otros, a Platón y su Banquete, a San Agustín, a Baudelaire, a Proust, a Nietzsche, a Freud, a Lacan, a Winnicott, al Zen. Porque a través de los discursos de todos ellos se fue configurando ese discurso amoroso que Barthes desarma en cada frase, un discurso con el que podemos sentirnos totalmente identificados porque tiene algo de inconsciente colectivo. Entonces, si digo “quiero morir de amor” o “te doy mis ojos”, tengo que tener presente que eso responde a un modelo de discurso amoroso histórico y social, y decidir si es el modelo que deseo hoy para mí.
Pero estamos hablando sólo de estar atentos al lenguaje, no de temerle. De dominarlo y de no repetir frases impuestas por otros que hoy no nos sirven. Las palabras son imprescindibles en el amor. Lo dice así Barthes: “El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo”.
Sí, probablemente el lenguaje sea uno de los mejores puntos de contacto para dos enamorados, siempre que elijamos bien y con libertad qué queremos decir.
Por: Claudia Piñeiro (Diario Clarín; Bs As; 13/02/2011)
Nota: Es una síntesis de la publicación original
Con la obsesión por la causa-efecto (o causa-síntoma) que desarrolla años de psicoanálisis, intenté precisar cuál era la frase de la canción que interpretaba Villamil que me provocaba esa emoción. Pero enseguida la presentación terminó, vinieron los aplausos, la despedida de los músicos, y el anuncio de que de inmediato se abriría el sobre con el nombre del ganador. No había escuchado el título, pero sí que era música de Alfredo Zitarrosa y letra de Idea Vilariño.
Recién cuando manejaba para llegar a mi casa, apareció otra vez la canción y el dolor de estómago, pero no la frase. Apenas un tarareo, un balbuceo que no lograba encontrar las palabras precisas que me trasmitían ese dolor. Cuando llegué me zambullí en Internet hasta que las encontré. Dicen en la web que cuando Zitarrosa leyó el poema de Vilariño se emocionó tanto que tomó una guitarra y se puso a cantarlo. Dicen que ella le pidió que lo grabara con el nombre: “La canción y el poema”. El estribillo es así:
Quisiera morir -ahora- de amor,para que supieras
cómo y cuánto te quería,
quisiera morir,
quisiera ... de amor,
para que supieras …
Entonces al dolor de estómago y a las ganas de llorar se sumó la frase que se había repetido un rato antes: “Yo no quiero eso, yo no quiero eso para mí”. No quiero morir de amor. Y mucho menos morir de amor para que ése a quien ame, sepa. Tiene que saber mientras estoy viva, no cuando me muera. Y si no alcanza con que lo que diga y haga, si para saberlo necesita tal acto de sacrificio (morir de amor), entonces no sabrá. Quiero vivir en el amor, vivir enamorada pero no morir de amor. No quiero eso ni para mí, ni para mi hija, ni para mis amigas, ni para las hijas que algún día quizás tenga mi hija.
Y por supuesto que esta afirmación nada tiene que ver con el valor poético de una de las más grandes poetas uruguayas, sino con una advertencia, una alarma que suena ante el peligro. La educación sentimental de las mujeres, el concepto de lo femenino, del amor, de cuánto y cómo una mujer debe amar y demostrar que ama, se va configurando por los modelos sociales vigentes, los mandatos familiares y la tradición, en el mejor y en el peor sentido. Y eso nos llega por distintas vías, también a partir de los que nos presenta la televisión, el cine, la literatura.
La canción y el poema de Zitarrosa y Vilariño, me volvió a aparecer hace unos días cuando se repitieron una y otra vez, fuera de toda estadística, los casos de mujeres quemadas por sus parejas. Particularmente cuando oí decir a los especialistas que en muchos de estos casos si la mujer logra hablar mientras es llevada al hospital, en lugar de señalar al culpable, se preocupa por repetir: “Fue un accidente”. Tal como si respondiera a la consigna: “Si voy a morir, que sea de amor y demostrando cuánto y cómo amo”. O alguna consigna equivalente. En la película española del 2003 “Te doy mis ojos”, de Icíar Bollaín, Pilar (la protagonista) sufre la tremenda violencia física y psicológica de Antonio, su marido, y es justamente cuando ella decide darle una nueva oportunidad que le ofrece, desde la palabra, partes de su cuerpo, lo que le da nombre a la película. “Te doy mis pechos, te doy mi boca, te doy mis ojos”, ¿habrá algo más sacrificial que entregar al otro parte del cuerpo de uno? Suena bello, puede ser una poética metáfora, pero no ayuda a la educación sentimental si se lo toma literalmente, ni siquiera en el plano de lo inconsciente. Ese tipo de frases implica una entrega extrema, tan extrema que se lleva la vida con ella. Tal vez una reescritura más sana para la mujer sería algo del estilo: “Puedo darte mis besos, darte mis caricias y darte mi mirada, puedo besarte y mirarte y acariciarte las veces que los dos queramos, pero mis manos son mías, mi boca es mía, y mi cuerpo es mío, aunque te ame”. Claro, ni por asomo es tan poético, pero no estamos hablando de poesía sino de la construcción de un imaginario.
Roland Barthes hizo uno de los mejores aportes a la comprensión de lo que implica la “voz” del amor, sus palabras, sus frases, y sus signos, en “Fragmentos del discurso amoroso”. Para entender ese discurso recurre a Werther, el joven personaje de Goethe que se suicida por amor y produce un efecto de contagio en otros jóvenes (reales) de su época. Pero también recurre, entre otros, a Platón y su Banquete, a San Agustín, a Baudelaire, a Proust, a Nietzsche, a Freud, a Lacan, a Winnicott, al Zen. Porque a través de los discursos de todos ellos se fue configurando ese discurso amoroso que Barthes desarma en cada frase, un discurso con el que podemos sentirnos totalmente identificados porque tiene algo de inconsciente colectivo. Entonces, si digo “quiero morir de amor” o “te doy mis ojos”, tengo que tener presente que eso responde a un modelo de discurso amoroso histórico y social, y decidir si es el modelo que deseo hoy para mí.Pero estamos hablando sólo de estar atentos al lenguaje, no de temerle. De dominarlo y de no repetir frases impuestas por otros que hoy no nos sirven. Las palabras son imprescindibles en el amor. Lo dice así Barthes: “El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo”.
Sí, probablemente el lenguaje sea uno de los mejores puntos de contacto para dos enamorados, siempre que elijamos bien y con libertad qué queremos decir.
Por: Claudia Piñeiro (Diario Clarín; Bs As; 13/02/2011)
Nota: Es una síntesis de la publicación original
domingo, 10 de abril de 2011
El sentido del periodismo local y La Palabra de Ezeiza
El sentido pasaría por intentar reflejar todas las voces a coro de la población, aunque fuera un coro que sonara un poco destemplado, ése sería nuestro mayor deseo: la polifonía de la palabra. Volverle a dar significado esencial a la palabra plural porque se lo merece por su riqueza. Ampliar el abrazo de la palabra porque la palabra sirve para comunicar, tender puentes, comprender.
El sentido podría buscarse ampliando aún más la cobertura de notas. Tal vez no fuera algo complicado, el distrito es grande pero no tanto. Y no sólo a los que cursan invitación por un evento, también podría permitirse con mayor asiduidad la espontaneidad y la producción. Entonces, imaginamos el potencial alojado en los colaboradores espontáneos que puede haber, por ejemplo, entre los docentes que trabajan a diario con alumnos curiosos. Pero claro, alguien dirá y es cierto: hay que escribir y/o acercarse al semanario. O el semanario puede también acercarse a la nota, a la entidad, al vecino, al caso, al tema. Y eso se hace, de un lado y de otro.
El sentido del periodismo local existe si puede interrogarse con sentido crítico sobre todo lo que nos rodea cotidianamente: los vínculos, el paisaje, los vecinos. Eso no significa preguntarle al perro que uno tiene como mascota si se siente realizado en esta vida, sino apuntar a despojarse de la mirada naturalizada del entorno, imaginar cuánto hay de construído en todo eso. Y consecuentemente, considerar en qué puede uno desde su lugar, o varios, a colaborar para mejorar ese entorno. Particularmente, encontramos ese espacio en el semanario en la historieta de cada semana, La barra de Carlín y Carlón, ellos son nuestros filósofos con todo lo que eso puede tener de risueño… o de patético.
Y el sentido local que le hallamos al semanario, también, es el de ser “el” prácticamente único espacio de contención para los que impulsamos a diario la vida cultural del distrito. Digo casi, porque no puede involucrar aspectos culturales que tienen una dinámica que excede el biplano y la tipografía blanco y negro, pero, así y con todas esas limitaciones, siempre dá cuenta de esas expresiones. De hecho, la oficina de La Palabra de Ezeiza es un centro cultural a escala donde disfrutamos de conmovedoras manifestaciones de arte.
Lic. Patricia Faure.
Nota: a propósito del 16to. aniversario del periódico
El sentido podría buscarse ampliando aún más la cobertura de notas. Tal vez no fuera algo complicado, el distrito es grande pero no tanto. Y no sólo a los que cursan invitación por un evento, también podría permitirse con mayor asiduidad la espontaneidad y la producción. Entonces, imaginamos el potencial alojado en los colaboradores espontáneos que puede haber, por ejemplo, entre los docentes que trabajan a diario con alumnos curiosos. Pero claro, alguien dirá y es cierto: hay que escribir y/o acercarse al semanario. O el semanario puede también acercarse a la nota, a la entidad, al vecino, al caso, al tema. Y eso se hace, de un lado y de otro.
El sentido del periodismo local existe si puede interrogarse con sentido crítico sobre todo lo que nos rodea cotidianamente: los vínculos, el paisaje, los vecinos. Eso no significa preguntarle al perro que uno tiene como mascota si se siente realizado en esta vida, sino apuntar a despojarse de la mirada naturalizada del entorno, imaginar cuánto hay de construído en todo eso. Y consecuentemente, considerar en qué puede uno desde su lugar, o varios, a colaborar para mejorar ese entorno. Particularmente, encontramos ese espacio en el semanario en la historieta de cada semana, La barra de Carlín y Carlón, ellos son nuestros filósofos con todo lo que eso puede tener de risueño… o de patético.Y el sentido local que le hallamos al semanario, también, es el de ser “el” prácticamente único espacio de contención para los que impulsamos a diario la vida cultural del distrito. Digo casi, porque no puede involucrar aspectos culturales que tienen una dinámica que excede el biplano y la tipografía blanco y negro, pero, así y con todas esas limitaciones, siempre dá cuenta de esas expresiones. De hecho, la oficina de La Palabra de Ezeiza es un centro cultural a escala donde disfrutamos de conmovedoras manifestaciones de arte.
Lic. Patricia Faure.
Nota: a propósito del 16to. aniversario del periódico
domingo, 27 de marzo de 2011
DÍA DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA
Los golpes de Estado han tenido una larga y difícil historia y nunca constituyeron sólo episodios protagonizados por militares. Sectores de la prensa, de la iglesia, de la cultura, de la clase política argentina y de la ciudadanía, tuvieron su parte de responsabilidad cada vez que se subvertía el orden constitucional.
El 24 de marzo de 1976, hasta el 10 de diciembre de 1983, se instaló en nuestro país un gobierno de facto a cargo de las Fuerzas Armadas, que se atribuyó la suma del poder público y se arrogó facultades extraordinarias. En el ejercicio de esos poderes ilegales e ilegítimos, aplicó un terrorismo de Estado que se manifestó en la práctica de graves violaciones a los derechos humanos. En el juicio a las Juntas, la causa 13.984 caratulada “Jorge Rafael Videla y otros”, quedó probado que a partir de ese día se instrumentó un plan sistemático de imposición del terror y la eliminación física de miles de ciudadanos sometidos a secuestros, torturas, detenciones clandestinas y toda clase de vejámenes.
A partir del 24 de marzo de 1976, se aplicó un plan coordinado de exterminio y represión generalizados con un costo humano calculado, que sometió a miles de personas al secuestro, a la tortura y a la muerte, y los convirtió en “ausentes para siempre”, como cínicamente proclamó el mayor responsable de los crímenes. Otros miles poblaron las cárceles sin causa o con procesos ilegales y muchos miles más encontraron en el exilio la única forma de sobrevivir. Cientos de niños fueron arrancados de los brazos de sus madres en cautiverio al nacer y privados de su identidad y de su familia. No se trataba de excesos ni de actos individuales; fue un plan criminal, una acción institucional diseñada con anterioridad al 24 de marzo y ejecutada desde el Estado mismo bajo los principios de la doctrina de la Seguridad Nacional.
La mayoría de las víctimas pertenecían a una generación de jóvenes, que cuestionaban activamente a la política del Estado de aquella época. Pero más allá de estos miles y miles de víctimas puntuales, fue la sociedad la principal destinataria del mensaje del terror generalizado. El poder dictatorial pretendía que el pueblo todo se rindiera a su arbitrariedad y su omnipotencia. Se buscaba una sociedad fraccionada, inmóvil, obediente, por eso trataron de quebrarla y vaciarla de todo aquello que lo inquietaba, anulando su vitalidad y su dinámica y por eso prohibieron desde la política hasta el arte. Sólo así podían imponer un proyecto político y económico de ajuste estructural con disminución del rol del Estado, endeudamiento externo con fuga de capitales y, sobre todo, con un disciplinamiento social que permitiera establecer un orden que el sistema democrático no les garantizaba. Las consecuencias fueron la concentración económica, el desempleo, el aumento de la pobreza, la destrucción de la economía local y la exclusión progresiva de cuantiosos sectores de la población de la posibilidad de acceder a los derechos constitucionales garantizados por los artículos 14 y 14 bis de la Constitución Nacional.
La dictadura militar fue una gran tragedia, su saldo fue luctuoso y desgarrador; lo que hace imperativa la reflexión sobre ese período. El Congreso de la Nación dispuso por ley que los 24 de marzo de cada año, fueran declarados “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, como feriado nacional inamovible. Debe ser ésta, entonces, una jornada de duelo y homenaje a las víctimas y también para la reflexión crítica sobre la gran tragedia argentina.
En aquellos momentos terribles, la resistencia contra la dictadura fue comenzada por las Madres de Plaza de Mayo; fueron ellas las que se organizaron para enfrentar a la barbarie. Hoy, aquel proyecto criminal ha sido derrotado porque casi la totalidad de los sectores políticos, sociales, culturales y económicos rechaza ese pasado y lo juzga críticamente. Porque el pueblo que no piensa su pasado y que no lo elabora, corre el grave riesgo de repetirlo; tan importante como recordar es entender, entender y recordar. Ese proceso de recordar entendiendo, esa reconstrucción de la memoria, es un valioso mecanismo de resistencia. Creemos que la memoria no es sólo una fuente de la historia, sino que es fundamentalmente un impulso moral, un deber y una necesidad. Sólo con verdad y con justicia, conformaremos una sociedad que se desarrolle en paz.
Por: Juan Carlos Ramirez
viernes, 25 de marzo de 2011
Actitud
“...No importa como
te haya ido durante el día...
Vuelve siempre a casa con la cabeza bien erguida”
Desplumados, aporreados, maltratados pero de pié y con la cabeza en alto.
Con la serenidad de saber que dimos todo.
¡¡¡Esa es la Actitud¡¡¡ Démosle un susto a los malos de siempre. Mostremos lo que podemos hacer.
Enseñemos. Todo los días, toda la vida. Con entrega y con humor.
Nota: no pude rastrear el autor
Juan
sábado, 12 de marzo de 2011
Un mate y un amor
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:
'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañía.Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
Por: Lalo Mir. Leido en el programa 'Lalo Bla Bla' Radio Mitre (ARGENTINA)
sábado, 19 de febrero de 2011
A un chico de la calle
Si digo que me amarga tu amargura
¡basta con esto para mi conciencia?
¿basta con que me arrope de clemencia
o cubra tu indigencia de ternura?;
¿basta que clame por tu desventura
o me apiade, tal vez, de tu inocencia?;
¿o basta que en la calle y su inclemencia
de mi te aparte como la basura?
Y aunque bien sé, gorrión, que andás perdido
y estás quebrado como un Cristo herido,
yo te niego una vez, y tres y ciento
de veces, porque mi alma cristiana
nada te dió, ni un dedo de la mano,
sólo palabras que se llevó el viento.
Por:: José María Castiñeira de Dios.
¡basta con esto para mi conciencia?
¿basta con que me arrope de clemencia
o cubra tu indigencia de ternura?;
¿basta que clame por tu desventura
o me apiade, tal vez, de tu inocencia?;
¿o basta que en la calle y su inclemencia
de mi te aparte como la basura?
Y aunque bien sé, gorrión, que andás perdido
y estás quebrado como un Cristo herido,
yo te niego una vez, y tres y ciento
de veces, porque mi alma cristiana
nada te dió, ni un dedo de la mano,
sólo palabras que se llevó el viento.
Por:: José María Castiñeira de Dios.
sábado, 29 de enero de 2011
Otros modelos de sociedad
Comenzando a preparar materiales para el presente año, me encontré en la red con datos sobre Finlandia y su sistema educativo. Un dato ya resultaba altamente llamativo, solo un 0.3%, solamente cinco de cada 1.000 alumnos recursan algún tramo de sus carreras. Finlandia es un país pequeño, de sólo unos 5,3 millones de habitantes, con una distribución de recursos que la hace totalmente ajena a la Argentina.
En las páginas que hablan del sistema educativo finlandés, de las cuales hay publicadas en español por docentes que allí actúan, nos enteramos que los profesores están en constante contacto con el alumno y sus familiares, y que sus estudiantes disponen de un gran cantidad de elementos a su disposición. Ya en 1999, todos transportaban sus trabajos y fuentes en minidisc.
El profesor, pieza clave sólo discutido en Argentina, es ampliamente respetado. La vocación no es una elección, es una obligación. En educación primaria hay un docente cada 16 alumnos, y en la secundaria, hay un profesor cada 13 alumnos, con sueldos sólidos.
Como en el resto de países escandinavos, todas las esferas educativas se comunican en dos idiomas: el finés y un lenguaje optativo. De hecho, la televisión pública subtitula todos los programas al inglés, con lo que todos los miembros de la familia empiezan a familiarizarse desde los medios de comunicación con otra lengua ajena. La acreditación se alcanza tras superar cuatro pruebas obligatorias. Cabe señalar que no todo es bondadoso, ya que el país registra un elevado número de suicidios de adolescentes.
Obviamente, los sistemas educativos son tan pocos comparables como la distribución de la riqueza, y la responsabilidad ciudadana.
Elegí investigar sobre la educación en Finlandia cuando me entere que su presidente, la Sra. Tarja Halonen, hace cola en los cajeros y no pide ni se le conceden posibilidades de considerarse más igual que otros conciudadanos.
Por. Juan Carlos Ramirez
En las páginas que hablan del sistema educativo finlandés, de las cuales hay publicadas en español por docentes que allí actúan, nos enteramos que los profesores están en constante contacto con el alumno y sus familiares, y que sus estudiantes disponen de un gran cantidad de elementos a su disposición. Ya en 1999, todos transportaban sus trabajos y fuentes en minidisc.
El profesor, pieza clave sólo discutido en Argentina, es ampliamente respetado. La vocación no es una elección, es una obligación. En educación primaria hay un docente cada 16 alumnos, y en la secundaria, hay un profesor cada 13 alumnos, con sueldos sólidos.
Como en el resto de países escandinavos, todas las esferas educativas se comunican en dos idiomas: el finés y un lenguaje optativo. De hecho, la televisión pública subtitula todos los programas al inglés, con lo que todos los miembros de la familia empiezan a familiarizarse desde los medios de comunicación con otra lengua ajena. La acreditación se alcanza tras superar cuatro pruebas obligatorias. Cabe señalar que no todo es bondadoso, ya que el país registra un elevado número de suicidios de adolescentes.
Obviamente, los sistemas educativos son tan pocos comparables como la distribución de la riqueza, y la responsabilidad ciudadana.

Elegí investigar sobre la educación en Finlandia cuando me entere que su presidente, la Sra. Tarja Halonen, hace cola en los cajeros y no pide ni se le conceden posibilidades de considerarse más igual que otros conciudadanos.
Por. Juan Carlos Ramirez
domingo, 26 de diciembre de 2010
Marx baja por la chimenea
Dice Umberto Eco que al describir al universo en términos rigurosos y científicos los filósofos positivistas del siglo XIX aniquilaron el tintineante espíritu navideño. A cambio de Dios ¿qué nos dejaron?, una idea punk de la muerte.
Felices Navidades para todo el mundo/Papá llegó borracho/como de costumbre… (“Dulce Navidad”, Attaque 77).
Cuando a los nueve años yo caía hipnotizada por la seguridad que me prometía el protestantismo, mi mamá encendía un cigarrillo y las volutas de humo escribían en el aire: “La religión es el opio de los pueblos”. Al cumplir quince me calcé una pollera larga hasta el piso teñida al batik con la técnica casera de los nudos y en un concierto de David Lebón en el Auditorio Kraft ofrendé mi devoción al Gurú Maharaj-ji.
Mi libro fetiche, Mujercitas , cuyos primeros párrafos aprendí de memoria con reverencia protopolítica (y era un asunto político, ya que de algún modo preconsciente constituía un grito de guerra al marxismo familiar), comienza en Navidad. “Esta Navidad no será Navidad sin regalos, murmuró Jo, tendida sobre la alfombra. ¡Es tan triste ser pobre! suspiró Meg, echando una mirada a su vestido viejo”. Toda una anticipación del capitalismo salvaje.
Desde que las comunidades utópicas de mis padres fallaron (y es una verdadera pena), no nos quedó absolutamente nada. “La Navidad es más Navidad en el Shopping”, leí en un cartel de la autopista 25 de Mayo que cruza el nuevo asentamiento urbano en Retiro. Oh, sí. Nos quedó el shopping center.
El dinero es un instrumento, gritan Umberto Eco y Woody Allen, ¡no es un valor! Sin Dios, ¿cómo aceptar que v
amos a morir? De eso se trata la Navidad. El dinero puede hacer muchas cosas, pero no te reconcilia con la idea de tu propia muerte. Por ahora la religión es lo único que nos provee esperanza, ¡pero no creemos! Y esto es lo que me hace aferrarme a Mujercitas y a los villancicos. Seamos prácticos: ¿qué clase de liberación es renunciar a un absurdo que es lógico y coherente para abrazar otro que es ilógico e incoherente? ( Retrato del artista adolescente , James Joyce) La obstinación de la infancia en creer en ese Carlos Marx inmortal vestido con traje de River Plate que baja por la chimenea es sólo una “pantalla” (como Pierre Raptis). Un artificio, como los fuegos. La verdadera creencia reside en el otro viejo de barba blanca que se encuentra más allá del Polo Norte. En el Más Allá. Festejamos la Navidad sólo para experimentar un instante de eternidad, aunque sea bajo los efectos narcotizantes del alcohol en una Nochebuena en la que no creemos.
Fue en Buenos Aires, años después de la visita del trotskista francés a Montevideo, en el piso dieciséis de un departamento de la avenida Paseo Colón con vista a un río tan amargo que a nadie se le hubiera ocurrido decirle mar, donde una de mis madrastras me mostró cómo pasan la Navidad las familias normales. Yo ya no creía en Papá Noel y no hubo fuegos artificiales ni papeles plateados ni arrebatos místicos. Pero la comida estuvo fabulosamente buena.
Por Laura Ramos (Clarin; 26/12/2010)
Nota del editor: por cuestiones estrictamente de espacio, no se han incluido los primeros 3 párrafos.
Felices Navidades para todo el mundo/Papá llegó borracho/como de costumbre… (“Dulce Navidad”, Attaque 77).
Cuando a los nueve años yo caía hipnotizada por la seguridad que me prometía el protestantismo, mi mamá encendía un cigarrillo y las volutas de humo escribían en el aire: “La religión es el opio de los pueblos”. Al cumplir quince me calcé una pollera larga hasta el piso teñida al batik con la técnica casera de los nudos y en un concierto de David Lebón en el Auditorio Kraft ofrendé mi devoción al Gurú Maharaj-ji.
Mi libro fetiche, Mujercitas , cuyos primeros párrafos aprendí de memoria con reverencia protopolítica (y era un asunto político, ya que de algún modo preconsciente constituía un grito de guerra al marxismo familiar), comienza en Navidad. “Esta Navidad no será Navidad sin regalos, murmuró Jo, tendida sobre la alfombra. ¡Es tan triste ser pobre! suspiró Meg, echando una mirada a su vestido viejo”. Toda una anticipación del capitalismo salvaje.
Desde que las comunidades utópicas de mis padres fallaron (y es una verdadera pena), no nos quedó absolutamente nada. “La Navidad es más Navidad en el Shopping”, leí en un cartel de la autopista 25 de Mayo que cruza el nuevo asentamiento urbano en Retiro. Oh, sí. Nos quedó el shopping center.
El dinero es un instrumento, gritan Umberto Eco y Woody Allen, ¡no es un valor! Sin Dios, ¿cómo aceptar que v
amos a morir? De eso se trata la Navidad. El dinero puede hacer muchas cosas, pero no te reconcilia con la idea de tu propia muerte. Por ahora la religión es lo único que nos provee esperanza, ¡pero no creemos! Y esto es lo que me hace aferrarme a Mujercitas y a los villancicos. Seamos prácticos: ¿qué clase de liberación es renunciar a un absurdo que es lógico y coherente para abrazar otro que es ilógico e incoherente? ( Retrato del artista adolescente , James Joyce) La obstinación de la infancia en creer en ese Carlos Marx inmortal vestido con traje de River Plate que baja por la chimenea es sólo una “pantalla” (como Pierre Raptis). Un artificio, como los fuegos. La verdadera creencia reside en el otro viejo de barba blanca que se encuentra más allá del Polo Norte. En el Más Allá. Festejamos la Navidad sólo para experimentar un instante de eternidad, aunque sea bajo los efectos narcotizantes del alcohol en una Nochebuena en la que no creemos.
Fue en Buenos Aires, años después de la visita del trotskista francés a Montevideo, en el piso dieciséis de un departamento de la avenida Paseo Colón con vista a un río tan amargo que a nadie se le hubiera ocurrido decirle mar, donde una de mis madrastras me mostró cómo pasan la Navidad las familias normales. Yo ya no creía en Papá Noel y no hubo fuegos artificiales ni papeles plateados ni arrebatos místicos. Pero la comida estuvo fabulosamente buena.Por Laura Ramos (Clarin; 26/12/2010)
Nota del editor: por cuestiones estrictamente de espacio, no se han incluido los primeros 3 párrafos.
lunes, 13 de diciembre de 2010
El cuento de la infancia
Aquella torta de mis diez tenía un Topo Gigio gigante en el medio con velitas de color rosa que lo rodeaban en un círculo no demasiado perfecto. Era toda de chocolate y a los costados, tenía confites de dos colores. Después, de grande, volví a verlo, cuando, lo encontré tirado en la piecita del fondo de la casa de mis viejos y descubrí que no era más alto que mi mano. Pero para mi ese dia era casi un Topo Gigio de verdad. Era de ese plástico de antes, con colores estándar y olor a añejo pero ante mis ojos era la maravilla más enorme. Los viejos de aquellos niños que éramos entonces conocían el trabajo como lugar cotidiano. Ese paraíso que cansa, que llena de grasa, que aseguran un salario exatamente cada treinta dias o cada quincena y que permite caminar erguidos por la vida.La fiestita de cumpleaños representaba el placer de sentir que el mundo entero giraba en torno de uno. Romper desesperadamente el papel de los regalos, ese papel que a lo sumo, con gran modernidad podia tener cuadraditos o círculos pequeños, y descubrir un juguete o, para mi desilusión, una poco deseable colonia Polyana o la eterna ropa interior de algún pariente que olvidó su propia niñez.
El último boletín del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, de la UCA arrojó que en el 2009 dos de cada diez niños de entre uno y cuatro años no festejó su cumpleaños. Un dato menor. Pero en el imaginario de los niños tiene el peso de las grandes cosas. De esos diez niños, durante todo 2009 hubo seis pequeños -en los territorios de la pobreza- a quienes tampoco se les leyeron cuentos ni narraron historias. Quizás sea tiempo de preguntarse cómo se construye la infancia.
Hubo seis chicos de los arrabales que jamás escucharon historias de niños. Y nadie les dijo que la vida se construye con los sueños y las palabras dulces y tiernas. De saber todo aquello que no hay que saber. Seis de cada diez crecen más allá de las fronteras de una vida con derechos de saber que existe un cuento en el que un árbol gigante les hace cosquillas en la panza a los cachorros y que se ríen hasta que duele. Un cuento en el que nadie olvida que ese día un niño cumple años. En el que todos le cantan y soplan las velitas con él y lo aplauden. Un cuento donde por un ratito nadie lo olvida. Un cuento donde es el protagonista. Un cuento que no fue escrito y que todavía, en alguna esquina cualquiera, nos está esperando.
Por Claudia Rafael. En: Periódico La 205 (8/12/2010)
viernes, 8 de octubre de 2010
Volver a Florencio Sanchez
Pensándolo bien: ¿Qué tiene que hacer un chico de 16 años, a las cinco de la madrugada, en las inmediaciones de la Ruta Panamericana , después de bailar en Pachá? ¿Qué tienen que hacer todos nuestros hijos adolescentes, de 12 a 19 años, en boliches donde se fuma, se bebe alcohol, se estropea el oído, se gritan insensateces y en cualquier momento se muere en la humareda de un incendio, o a manos de los desalmados que abundan a esas horas?
No son horas.
La clase media argentina, tradicional reserva de talentos que ha producido a Domingo F. Sarmiento, a Juan B. Alberdi, a Juan B. Justo, a René Favaloro, a Luis Sandrini, a Ricardo Lorenzetti, a Gerardo Sofovich, debe buscar en sus entrañas y lanzarse a una profunda mutación.
De vuelta al estudio, el trabajo, el ahorro. Como ha sido siempre, antes.
Los adolescentes no tienen ninguna necesidad de bailar. No es uno de los derechos humanos. La prueba está en que, si se le impide dormir a una persona, enloquece y muere. En cambio, se lo deja sin bailar y sigue contento y feliz. No pasa nada.
Si los teenagers quieren reunirse, pueden hacerlo en las casas de familia, como ha sido siempre. Con la música bajita, porque los vecinos descansan. Sin fumar ni beber. Hasta las doce de la noche. Y después, a dormir. ¿Cuál es el problema? Dormir es sano y necesario, porque mañana hay que levantarse a las 8 para jugar al rugby, o al hockey, o al fútbol, o repasar una materia. Como ha sido siempre y como sigue siendo en países serios como Canadá, Japón o Inglaterra.
¿Que la industria de la noche es un negocio lícito y produce ganancias importantes? Perfecto, que los señores de la noche hagan su negocio, como hasta ahora. Pero sólo para adultos. Que llegan en su auto y, si quieren, con su chofer. Por mí pueden emborracharse hasta quedar catatónicos: pero entre cuatro paredes y siendo mayores de 21 años. En la calle y manejando: no.
Nuestros hijos no deberían alquilar una Combi (en realidad, la pagamos nosotros) para llegar al boliche a las 2 de la mañana con la sagrada misión de "cagarse de risa" hasta las 5 y media. Es una locura. Es tentar a la desgracia. No lo permitamos.
La verdad que no confesamos es que nuestros hijos de 15 años salen de noche y beben aunque esté prohibido, porque existen "salones de fiestas" que son discotecas encubiertas, y en nuestro medio es fácil burlar la ley. Sobre todo si los padres no sabemos decir que no, cuando nuestros encantadores mocosos nos rezongan que "todos tienen permiso", "todos van", "todos lo hacen", "soy el único tarado", "soy la única pavota". Entonces, todos los viernes y sábados hay un cumpleaños, una despedida, un fin de curso, un recital, una fiesta del colegio tal o del liceo cual. En resumen, los adolescentes borrachos y circulando por las rutas hasta el amanecer.
Los "viajes de egresados" son un invento maldito. Primero: los chicos no han egresado de ninguna parte. Apenas acaban de terminar malamente un año, y deben rendir materias. No están egresando. No tienen por qué viajar. Y menos a Bariloche u otros sitios, lejos del control de sus padres, con el exclusivo propósito de producir aturdimiento, ebriedades, desórdenes sexuales y destrozos en los hoteles. ¿Cuál es la idea y quién la instaló?
La verdadera fiesta de egresados es, originariamente, un hecho institucional: se trata de un acto en el cual los alumnos que terminan su secundario presentan a sus familias, reciben sus diplomas, se despiden del colegio y, a veces, bailan. Todo supervisado por el rector y los profesores. Punto.
La nocturnidad adolescente es una creación siniestra que lleva la marca argentina en el orillo, porque ninguna sociedad del mundo la permite. Ni los católicos, ni los socialistas, ni los neoliberales, ni los protestantes... ¡No hablemos de los islámicos!
Mediante la nocturnidad, hemos establecido que los jóvenes se van de sus casas, después de descansar un rato, a las dos de la mañana. Llegan como pueden a las proximidades de una discoteca. Por lo general, están borrachos al arribar a la puerta, debido a la simpática "previa". En esas largas filas de espera, hay chicas que venden "petes" o "besos por un peso", para pagar la entrada, otras que exhiben el documento de la hermana mayor para que las dejen pasar, y no faltan los muchachitos que vomitan en la vereda o caen desvanecidos. Frecuentemente, se pegan e insultan. A la salida, en la desbandada del amanecer, ocurren las desgracias.
De la juventud del "amor y paz", sonrisas alucinadas, pies descalzos, un porrito, el sonido de voces y guitarras, el sexo libre (pero sano y sin violencia) hemos pasado en pocos años a esta cabalgata de barras bravas, haciendo "pogo". Sin embargo, son las mismas edades adolescentes, con las mismas caras puras y cuerpos vírgenes. ¿Cómo fue? ¿Cómo hicimos la metamorfosis de "una chica moderna" a "un gato"?
Naturalmente, a la madrugada, los padres yacen desmayados en sus camas. Hoy día se trabaja mucho. No se les puede pedir a papá y mamá que arranquen el auto o pidan un remise a las 6 de la mañana para salir a campear a los hijos e hijas por los inmensos bailables del conurbano. Físicamente, no pueden. Se ha creado así un mundo aparte, un universo de adolescentes completamente separados de sus familias. El mundo del alba es uno, el de la noche es otro. Los chicos viven de noche y duermen de día. Duermen en el colegio, en la playa, en la iglesia y en sus casas. Duermen, duermen, duermen. Cuando despiertan, se sientan frente a la computadora, frotándose los pelos, a leer disparates, o se aferran al celular para enviar mensajes de texto donde todo se escribe sin hache y sin acento.
Cuando nosotros no estemos: ¿De qué van a vivir estos adolescentes, que a los treinta años todavía están meditando sobre "cual es mi verdadera vocación"? ¿Cómo se ganarán el pan, vendiendo drogas?
Hemos hecho un estropicio. Nosotros, los padres de clase media.
Dicen que toda persona tiene derecho a poseer un sueño. Yo, por de pronto, tengo el mío. Una juventud sana, que salga del ruido, la noche, la droga, la ignorancia y lo "divertido". Que se entregue al día, al silencio, al estudio, al deporte, a la cultura, a la familia.
Alguno me dirá que este es el mismo ideal de "Mi hijo el doctor", que escribió Florencio Sánchez en 1930. Sí, es lo mismo. ¿Alguien tiene una idea mejor?
Por: Lani Hanglin
No son horas.
La clase media argentina, tradicional reserva de talentos que ha producido a Domingo F. Sarmiento, a Juan B. Alberdi, a Juan B. Justo, a René Favaloro, a Luis Sandrini, a Ricardo Lorenzetti, a Gerardo Sofovich, debe buscar en sus entrañas y lanzarse a una profunda mutación.
De vuelta al estudio, el trabajo, el ahorro. Como ha sido siempre, antes.
Los adolescentes no tienen ninguna necesidad de bailar. No es uno de los derechos humanos. La prueba está en que, si se le impide dormir a una persona, enloquece y muere. En cambio, se lo deja sin bailar y sigue contento y feliz. No pasa nada.
Si los teenagers quieren reunirse, pueden hacerlo en las casas de familia, como ha sido siempre. Con la música bajita, porque los vecinos descansan. Sin fumar ni beber. Hasta las doce de la noche. Y después, a dormir. ¿Cuál es el problema? Dormir es sano y necesario, porque mañana hay que levantarse a las 8 para jugar al rugby, o al hockey, o al fútbol, o repasar una materia. Como ha sido siempre y como sigue siendo en países serios como Canadá, Japón o Inglaterra.
¿Que la industria de la noche es un negocio lícito y produce ganancias importantes? Perfecto, que los señores de la noche hagan su negocio, como hasta ahora. Pero sólo para adultos. Que llegan en su auto y, si quieren, con su chofer. Por mí pueden emborracharse hasta quedar catatónicos: pero entre cuatro paredes y siendo mayores de 21 años. En la calle y manejando: no.
Nuestros hijos no deberían alquilar una Combi (en realidad, la pagamos nosotros) para llegar al boliche a las 2 de la mañana con la sagrada misión de "cagarse de risa" hasta las 5 y media. Es una locura. Es tentar a la desgracia. No lo permitamos.
La verdad que no confesamos es que nuestros hijos de 15 años salen de noche y beben aunque esté prohibido, porque existen "salones de fiestas" que son discotecas encubiertas, y en nuestro medio es fácil burlar la ley. Sobre todo si los padres no sabemos decir que no, cuando nuestros encantadores mocosos nos rezongan que "todos tienen permiso", "todos van", "todos lo hacen", "soy el único tarado", "soy la única pavota". Entonces, todos los viernes y sábados hay un cumpleaños, una despedida, un fin de curso, un recital, una fiesta del colegio tal o del liceo cual. En resumen, los adolescentes borrachos y circulando por las rutas hasta el amanecer.
Los "viajes de egresados" son un invento maldito. Primero: los chicos no han egresado de ninguna parte. Apenas acaban de terminar malamente un año, y deben rendir materias. No están egresando. No tienen por qué viajar. Y menos a Bariloche u otros sitios, lejos del control de sus padres, con el exclusivo propósito de producir aturdimiento, ebriedades, desórdenes sexuales y destrozos en los hoteles. ¿Cuál es la idea y quién la instaló?
La verdadera fiesta de egresados es, originariamente, un hecho institucional: se trata de un acto en el cual los alumnos que terminan su secundario presentan a sus familias, reciben sus diplomas, se despiden del colegio y, a veces, bailan. Todo supervisado por el rector y los profesores. Punto.
La nocturnidad adolescente es una creación siniestra que lleva la marca argentina en el orillo, porque ninguna sociedad del mundo la permite. Ni los católicos, ni los socialistas, ni los neoliberales, ni los protestantes... ¡No hablemos de los islámicos!
Mediante la nocturnidad, hemos establecido que los jóvenes se van de sus casas, después de descansar un rato, a las dos de la mañana. Llegan como pueden a las proximidades de una discoteca. Por lo general, están borrachos al arribar a la puerta, debido a la simpática "previa". En esas largas filas de espera, hay chicas que venden "petes" o "besos por un peso", para pagar la entrada, otras que exhiben el documento de la hermana mayor para que las dejen pasar, y no faltan los muchachitos que vomitan en la vereda o caen desvanecidos. Frecuentemente, se pegan e insultan. A la salida, en la desbandada del amanecer, ocurren las desgracias.
De la juventud del "amor y paz", sonrisas alucinadas, pies descalzos, un porrito, el sonido de voces y guitarras, el sexo libre (pero sano y sin violencia) hemos pasado en pocos años a esta cabalgata de barras bravas, haciendo "pogo". Sin embargo, son las mismas edades adolescentes, con las mismas caras puras y cuerpos vírgenes. ¿Cómo fue? ¿Cómo hicimos la metamorfosis de "una chica moderna" a "un gato"?
Naturalmente, a la madrugada, los padres yacen desmayados en sus camas. Hoy día se trabaja mucho. No se les puede pedir a papá y mamá que arranquen el auto o pidan un remise a las 6 de la mañana para salir a campear a los hijos e hijas por los inmensos bailables del conurbano. Físicamente, no pueden. Se ha creado así un mundo aparte, un universo de adolescentes completamente separados de sus familias. El mundo del alba es uno, el de la noche es otro. Los chicos viven de noche y duermen de día. Duermen en el colegio, en la playa, en la iglesia y en sus casas. Duermen, duermen, duermen. Cuando despiertan, se sientan frente a la computadora, frotándose los pelos, a leer disparates, o se aferran al celular para enviar mensajes de texto donde todo se escribe sin hache y sin acento.
Cuando nosotros no estemos: ¿De qué van a vivir estos adolescentes, que a los treinta años todavía están meditando sobre "cual es mi verdadera vocación"? ¿Cómo se ganarán el pan, vendiendo drogas?
Hemos hecho un estropicio. Nosotros, los padres de clase media.
Dicen que toda persona tiene derecho a poseer un sueño. Yo, por de pronto, tengo el mío. Una juventud sana, que salga del ruido, la noche, la droga, la ignorancia y lo "divertido". Que se entregue al día, al silencio, al estudio, al deporte, a la cultura, a la familia.
Alguno me dirá que este es el mismo ideal de "Mi hijo el doctor", que escribió Florencio Sánchez en 1930. Sí, es lo mismo. ¿Alguien tiene una idea mejor?
Por: Lani Hanglin
sábado, 2 de octubre de 2010
Evita de Ezeiza
De las muchas Evita que la memoria ha construido, no podemos soslayar a la Dama de la Esperanza. No fue ésta la única primera cara que tuvo el mito Eva Perón en la historia argentina, pues paralelamente se afirmaba el mito de la Mujer Soberbia. Mientras unos agradecían sus donaciones, otros la denostaban por ello y remarcaban un resentimiento clasista y malas artes políticas. Así se la intento crear desde la Dama del Látigo, obra en la que se inspiró el musical Evita. De todas maneras, el amor por Evita duró más que el odio y ya fallecida, para muchos se transformó en Santa Evita.
En los años ‘70 fue la Evita Revolucionaria, la que había dicho ''hay que armar a la gente'', aunque lo expresara en un contexto muy distinto. De esa Evita, el historiador Martorell recordaba un dato nunca confirmado: que llegó a comprar 5.000 pistolas y 1.500 ametralladoras al príncipe Bernardo de Holanda para crear milicias de la CGT. Era una cara del mito posible en los años de agitación e ideales, pero terminó enterrada en la tragedia de los 70.
Esta la Evita de Ezeiza, la que trabajo para que los fieles cristianos del Barrio Nº 1 Justicialista tuvieran la parroquia Nuestra Señora de Loreto; la que eligió, adquirió y donó las piedras preciosas que se hallan incrustadas en el Santo Tabernáculo de esa parroquia. Hay quienes recordaban verla pasear en coche con la cabellera al viento, o paseando a caballo, o tomada de la mano con el General Perón en tierras que luego serían nuestros queridos bosques, e incluso esta aquel que cree recordar que paso una Navidad junto a los obreros que construían nuestro magnífico aeropuerto. Como dejar de lado a la Evita de los niños, la que contribuyó a la felicidad de Luís, Ramón Villalba y Nilda y Miguel del Arco, enviándoles una pelota de cuero con tiento, camiseta, pantalones y medias de fútbol (“Las vacas vuelan”, de Patricia C. Faure).
Sin embargo, la Evita que hoy aquí queremos rescatar, es la ciudadana María Eva Duarte, la que peleó por ampliar la Democracia, la que impulsó la Ley del Voto Femenino. Justa ley que concretó uno de los derechos fundamentales de la mujer y que es esencial para la democracia, aprobada el 28 de septiembre de 1947.
Juan Carlos Ramirez
En los años ‘70 fue la Evita Revolucionaria, la que había dicho ''hay que armar a la gente'', aunque lo expresara en un contexto muy distinto. De esa Evita, el historiador Martorell recordaba un dato nunca confirmado: que llegó a comprar 5.000 pistolas y 1.500 ametralladoras al príncipe Bernardo de Holanda para crear milicias de la CGT. Era una cara del mito posible en los años de agitación e ideales, pero terminó enterrada en la tragedia de los 70.
Esta la Evita de Ezeiza, la que trabajo para que los fieles cristianos del Barrio Nº 1 Justicialista tuvieran la parroquia Nuestra Señora de Loreto; la que eligió, adquirió y donó las piedras preciosas que se hallan incrustadas en el Santo Tabernáculo de esa parroquia. Hay quienes recordaban verla pasear en coche con la cabellera al viento, o paseando a caballo, o tomada de la mano con el General Perón en tierras que luego serían nuestros queridos bosques, e incluso esta aquel que cree recordar que paso una Navidad junto a los obreros que construían nuestro magnífico aeropuerto. Como dejar de lado a la Evita de los niños, la que contribuyó a la felicidad de Luís, Ramón Villalba y Nilda y Miguel del Arco, enviándoles una pelota de cuero con tiento, camiseta, pantalones y medias de fútbol (“Las vacas vuelan”, de Patricia C. Faure).
Sin embargo, la Evita que hoy aquí queremos rescatar, es la ciudadana María Eva Duarte, la que peleó por ampliar la Democracia, la que impulsó la Ley del Voto Femenino. Justa ley que concretó uno de los derechos fundamentales de la mujer y que es esencial para la democracia, aprobada el 28 de septiembre de 1947.Juan Carlos Ramirez
martes, 21 de septiembre de 2010
Leyenda sobre la segunda llegada del agua clara y fresca al arroyo Gimenez
En una tierra muy, muy... cercana donde no existe más ni el ferrocarril, ni autos ruidosos que marchen por la ruta 205, ni gente con zapatillas Nike ni Adidas, dos jóvenes juegan en las márgenes del arroyuelo que hoy tiene nombre de apellido. ¿O es que el arroyo Gimenez tiene el apellido en el nombre?Durante el atardecer es incesante el paseo de animales que vienen a asomar por el arroyo: el hocico lo que tienen hocico, pico los que tiene pico o simplemente la boca los que tienen sed; porque las aguas después de mucho tiempo han vuelto a ser claras y frescas para que beban todos los seres de esta tierra conocida. Además de refrescarse el pescuezo y las patas (y los patos, obvio), las alas, las escamas, las barrigas; algunos animales se zambullen haciendo "splash, splash" como los dos jóvenes que se agitan y chapotean tirándose agua el uno al otro.
El Dios Padre Sol atardece sobre las ruinas del viejo terraplén ferroviario, haciendo caminar su luz por la carcaza abandonada de los vagones, y de un brinco llegar y brillar sobre el asfalto desgastado y quebradizo de una ruta 205 semicubierta de cortaderas y otros pastizales para desembocar en el arroyuelo convirtiéndose en una catarata anaranjada que baja del cielo y colorea todo un poco más. A esta hora lejana, casi perdida, aparecen los dos jóvenes para jugar en secreto y a escondidas, lejos de la contaminación, porque en secreto y a escondidas se están redescubriendo como en un espejo, en las aguas del arroyo que han vuelto a ser claras y limpias.
Por: OASE. La nappe. Postizos símil historias, cuentos, poesías. Misiva Nº2; 2010.
sábado, 21 de agosto de 2010
El alfabetizador
Cipriano
yo pienso que el alfabetizador no es solo el que enseña a leer libros de ciencias, historias, filosofías y tantas cosas exóticas de que habla la gente.
Hermano,
yo pienso que alfabetizar es enseñar a leer en los ojos el dolor de los pueblos, la enfermedad de los niños la angustia de la mujer que pare en la calle, la tos del minero que escupe y mancha de sangre, la estatua de la libertad neoyorquina.
Hay que aprender a leer el hambre que toca a la puerta, el frío que va por la calle,
la oscuridad del que busca y no encuentra.
Cipriano,
yo pienso que primero debemos alfabetizar
a los que leen libros
pero no saben leer el dolor de
los hombres.
Cipriano,
yo pienso que primero debemos alfabetizar
a los que leen libros
pero no saben leer el dolor de
los hombres. Por: Julio Zavala(nicaragüense)
Comentarios
Anónimo
Nice post and this enter helped me alot in my college assignement. Thank you on your information.
Lo agradable del posteo y sus entradas me ayudaron en mis asignaciones escolares. Gracias por su información.
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martes, 10 de agosto de 2010
Luís Fortunato Iglesias. Maestro (1915- 2010)
Nació el 28 de diciembre de 1915 en Tristán Suárez y fue desde maestro de la escuela primaria a profesor en la Universidad de La Plata, desde periodista a Inspector y Doctor Honoris Causa de la Universidad de L. de Zamora. Pero jamás ha dejado de ser el Maestro, un militante de la educación, un generador de climas educativos que buscaron darle a la escuela el rol de transformadora de la sociedad, lo que hoy nuestro tiempo reclama.Contaba que la escuela primaria de Tristán Suárez tenía solo hasta 4to. grado, y que fue la directora, la maestra Elvira Cándida Rodríguez, una mujer educativamente inquieta que venía de Quilmes, la que propuso: “Por qué no lo inscribimos en la Escuela Normal de Lomas", la que después fue el "Mentruyt".
Recordaba que en su pueblo no había bibliotecas ni libros, y que acompañaba a su padre a los trabajos (arreglaba cocinas, molinos, bombas, fue el herrero de lugar) con la intención de leer lo que encontrara. Sostenía que la búsqueda desesperada de libros había sido todo un drama en su infancia, y cuando ingresó al Normal y tuvo a su alcance toda la literatura, se fue enamorando de lo que sería su profesión.
Formó su biblioteca con libros que no costaban mucho, que tenían una base pedagógica pero como creía que: “El que sabe solamente pedagogía ni pedagogía sabe”, leía todo lo que podía adquirir en las librerías de viejo de la calle Corrientes. Sostenía, como Gorki, que tenía sus "universidades": el pueblo, la escuela Nº 4 de T. Suárez, la Esc. Normal de Lomas, la calle Corrientes, el teatro, el cine y desde luego todos los lugares donde había actos públicos.
Su carrera
Obtuvo el título de Maestro Normal Nacional en la Esc. Normal Nacional de L. de Zamora en 1935. Se desempeñó como Maestro, Director e Inspector de la Pcia. de Bs. Aires entre 1936 y 1966. Por doce años (1950-1962) fue Profesor contratado por la U.N. de La Plata; Consejero General de Educación (1980); Consultor de la UNESCO del Proyecto Nicaragua (1981); Fundador, Codirector y Director del Periódico "Educación Popular" (1961-1978); Profesor Titular del Instituto Varona (Cuba, 1995) y Profesor Adjunto del Instituto Pedagógico Latinoamericano (1995).
Fue distinguido con numerosos premios: en 1960 recibió la Beca UNESCO; Tercer Premio de Crítica y Ensayo otorgado por la Municip. de Bs. Aires (1979); Primer Premio Nacional de Ciencias de la Educación (1984); Premio A. Ponce otorgado por la Asociación Amigos de Aníbal Ponce (1985); Premio Konex 1986; Primer Premio de Educación otorgado por la Fund. Navarro Viola (1988) y Medalla por su defensa de la Escuela Pública otorgada por la Fund. Ricardo Rojas (1992). Por si le faltaran reconocimientos, la U.N. de L. de Zamora le otorgó el Dr. Honoris Causa, en 1994. Podríamos continuar con los homenajes que recibiera en vida, o los documentales, pero es historia reciente y el listado no agota las distinciones que recibió incluso en otros países latinoamericanos, donde hay escuelas con su nombre.
A partir de su labor como maestro único elaboró didácticas renovadoras que aún hoy son fuente inspiradora. Publicó: La escuela emotiva (Ensayo Pedagógico, 1945); Viento de Estrellas (Antología Creaciones Infantiles, 1942); La escuela rural unitaria (1957); Pedagogía creadora (1980); Didáctica de la libre expresión (1980); Aprendizaje vivencial de la lectura y la escritura (1987); Los guiones didácticos: Técnica para la conducción del aprendizaje (1988).
Maestro
En 19
Creyeron castigarlo cuando en realidad le estaban abriendo el camino a la inmortalidad. Por veinte años fue maestro único, maestro unitario; en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos; lo demás lo construyó él. Fue maestro siempre de escuela primaria; allí encontró el material de vida.
Homenaje
Es difícil rendi
Nuestros maestros desarrollan su cotidiana y a veces desagradecida labor, sin que los impulse la sentencia de que enseñar es un ejercicio de inmortalidad (R. Alves). Sí están plenamente conscientes de la sentencia del filósofo I. Kant: “El hombre no es más que lo que la educación hace de él”.
El Maestro Iglesias no fue un hijo de dioses, no tuvo poderes extraterrestres, ni fue un iluminado. Fue un hombre responsable de su tiempo, comprometido con su sociedad, con la humildad de escuchar y entender qué y cómo necesitaban aprender sus alumnos, aceptando los desafíos de no contar con recursos necesarios, diseñando estrategias posibles para la trascendente misión de educar para ser mej
ores personas.Falleció el 8 de agosto de 2010, casi a los 95 años. Hoy también él es Viento de Estrellas. De esas que nos iluminan a los docentes cuando la desesperanza nos invade.
Por: Juan Carlos Ramirez
Docente
martes, 20 de julio de 2010
El Matrimonio entre Católicos... ¿se debe permitir?
Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.
Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia. Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.
Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bienes cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales
Por: Jorge Carlos Barberini
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.
Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia. Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.
Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bienes cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales
Por: Jorge Carlos Barberini
lunes, 5 de julio de 2010
Capitalismo y juventud
¿Qué propone el capitalismo a los jóvenes? En primer lugar más capitalismo. En segundo lugar llenarlos de vacíos. Tercero el éxito si uno logró llenarse de capitalismo y de vacíos. Ahora, de no alcanzar el éxito, le propone a uno la cuarta medida, el autismo. La educación del capitalismo debe servir –aunque no se diga– para las cuatro requisitorias: más capitalismo, más vacíos, más éxitos, más autismo, con menos Tierra, menos Hombre y menos Sociedad.
Todo lo que se hace en las ciudades de marchar contra la inseguridad es un absurdo porque la inseguridad es el propio corazón del capitalismo, desde la flexibilización laboral a la cajera del súper trabajando sin el sueño peligroso de un embarazo, pero también la inestabilidad de las bolsas, del salario, del arrastre en las crisis, o los vaivenes del rating como certificado de “calidad” de la cultura. El capitalismo odia hoy a los jóvenes porque no los necesita. Los odia porque necesita unos pocos y no sabe qué hacer con el resto, requiere de unos pocos jóvenes sabiendo que el resto se volverá violento contra él, percibiendo su exclusión.
Con el paso de la revolución industrial a la cibernética floreció una tecnología productiva capaz de provocar la absoluta abundancia. Pero se creó la abundancia superflua, se contaminó la Tierra, y la abundancia liberadora quedó postergada y enterrada más hondo. Los deseos de los jóvenes casi no provienen de ellos mismos sino de las empresas que financian a Tinelli, Susana y Mirtha quienes, a su vez, exigen castigo a los jóvenes con deseos creados por esas empresas. El Paraíso al que hoy se les invoca descendió del automóvil a la telefonía móvil. Con el coche viajaban, con el celular se comunican con Tinelli, Susana y Mirtha votando por cuál sueño que no les pertenece es mejor, y por cuál sueño que les pertenece se hundirá en uno imposible. También llamando al 2020. La autoestima se promueve por el tipo de celular que se posee. Si uno quiere ser el mejor, no tiene que ser ni el más solidario ni el más estudioso ni el más contestatario, debe tener lo máximo. Incluso el “tener para ser” está siendo abandonado por el “mirar para ser”. Si no viste a un Don Nadie en Tinelli hoy a la noche mañana no existís.
Los jóvenes pobres son los primeros que fracasan. Fracasa la educación que intenta enseñarles que dos celulares más dos celulares con cuatro. La escuela puede constituir resistencia, o bien domesticación e indiferencia. El capitalismo asegura que quiere lo mejor para la sociedad. Demuestra a los jóvenes cómo el socialismo fue lo peor para la sociedad y por ello cayó. Pero esconde bajo una alfombra de hormigón armado que la crisis del capitalismo actual, una crisis civilizatoria, está poniendo en riesgo la vida humana sobre el planeta. De manera que otro modelo construido sobre las ruinas que él va dejando, no sólo es posible sino que parece la única alternativa. La escuela, o es un escalón de protección de la vida humana sobre la Tierra o hace como si no ve el ascenso de los 3 o 4 grados centígrados más por carbono civilizatorio que acabará con buena parte de lo formado en millones de años y con lo edificado seguramente desde la revolución neolítica.
Los hombres ofrecen resistencia al sistema de dominación sólo si tienen convicción. La educación pública que estamos discutiendo está llamada a crear resistencia y convicción. Crear organizaciones sociales, redes, politización hacia abajo. La educación, finalmente, debe servir para no esconder la realidad por dura que ella fuese. Por el contrario, se vuelve ominosamente más dura al no resolver los problemas que jamás son planteados.
“Sólo tiene derecho a encender en
el pasado la chispa de la esperanza
aquel historiador traspasado por la
idea de que ni siquiera los muertos
estarán a salvo del enemigo”.
(Walter Benjamin)
Por eso la Escuela debe preparar a los hombres para que entiendan que no hay nada más seguro a la Tierra, al Hombre y a la Sociedad que los jóvenes. La vida de un solo joven es el triunfo del cosmos.
Por: Rosenzvaig, Eduardo. Argentina: Un supermercado lleno de vacíos y de jóvenes. Herramienta web 4; Febrero de 2010; ISSN 1852-4729
Todo lo que se hace en las ciudades de marchar contra la inseguridad es un absurdo porque la inseguridad es el propio corazón del capitalismo, desde la flexibilización laboral a la cajera del súper trabajando sin el sueño peligroso de un embarazo, pero también la inestabilidad de las bolsas, del salario, del arrastre en las crisis, o los vaivenes del rating como certificado de “calidad” de la cultura. El capitalismo odia hoy a los jóvenes porque no los necesita. Los odia porque necesita unos pocos y no sabe qué hacer con el resto, requiere de unos pocos jóvenes sabiendo que el resto se volverá violento contra él, percibiendo su exclusión.
Con el paso de la revolución industrial a la cibernética floreció una tecnología productiva capaz de provocar la absoluta abundancia. Pero se creó la abundancia superflua, se contaminó la Tierra, y la abundancia liberadora quedó postergada y enterrada más hondo. Los deseos de los jóvenes casi no provienen de ellos mismos sino de las empresas que financian a Tinelli, Susana y Mirtha quienes, a su vez, exigen castigo a los jóvenes con deseos creados por esas empresas. El Paraíso al que hoy se les invoca descendió del automóvil a la telefonía móvil. Con el coche viajaban, con el celular se comunican con Tinelli, Susana y Mirtha votando por cuál sueño que no les pertenece es mejor, y por cuál sueño que les pertenece se hundirá en uno imposible. También llamando al 2020. La autoestima se promueve por el tipo de celular que se posee. Si uno quiere ser el mejor, no tiene que ser ni el más solidario ni el más estudioso ni el más contestatario, debe tener lo máximo. Incluso el “tener para ser” está siendo abandonado por el “mirar para ser”. Si no viste a un Don Nadie en Tinelli hoy a la noche mañana no existís.
Los jóvenes pobres son los primeros que fracasan. Fracasa la educación que intenta enseñarles que dos celulares más dos celulares con cuatro. La escuela puede constituir resistencia, o bien domesticación e indiferencia. El capitalismo asegura que quiere lo mejor para la sociedad. Demuestra a los jóvenes cómo el socialismo fue lo peor para la sociedad y por ello cayó. Pero esconde bajo una alfombra de hormigón armado que la crisis del capitalismo actual, una crisis civilizatoria, está poniendo en riesgo la vida humana sobre el planeta. De manera que otro modelo construido sobre las ruinas que él va dejando, no sólo es posible sino que parece la única alternativa. La escuela, o es un escalón de protección de la vida humana sobre la Tierra o hace como si no ve el ascenso de los 3 o 4 grados centígrados más por carbono civilizatorio que acabará con buena parte de lo formado en millones de años y con lo edificado seguramente desde la revolución neolítica.
Los hombres ofrecen resistencia al sistema de dominación sólo si tienen convicción. La educación pública que estamos discutiendo está llamada a crear resistencia y convicción. Crear organizaciones sociales, redes, politización hacia abajo. La educación, finalmente, debe servir para no esconder la realidad por dura que ella fuese. Por el contrario, se vuelve ominosamente más dura al no resolver los problemas que jamás son planteados.
“Sólo tiene derecho a encender en

el pasado la chispa de la esperanza
aquel historiador traspasado por la
idea de que ni siquiera los muertos
estarán a salvo del enemigo”.
(Walter Benjamin)
Por eso la Escuela debe preparar a los hombres para que entiendan que no hay nada más seguro a la Tierra, al Hombre y a la Sociedad que los jóvenes. La vida de un solo joven es el triunfo del cosmos.
Por: Rosenzvaig, Eduardo. Argentina: Un supermercado lleno de vacíos y de jóvenes. Herramienta web 4; Febrero de 2010; ISSN 1852-4729
domingo, 27 de junio de 2010
Periodismo y esclavitudes contemporáneas
El 9 de junio de 1862, el Senado de los Estados Unidos abolió la esclavitud en su país, efeméride que aprovecho para repasar el estado de la cuestión en nuestro país.
Es un hecho que la trata de blanca crece en la Argentina sin que se encuentren, o se quieran encontrar, soluciones al respecto. Las estadísticas muestran que en el 2008 desaparecieron alrededor de 600 mujeres víctimas del tráfico y comercio sexual. No es por falta de ley
es, ya que la sanción del 29 de abril del 2008 de la ley nacional 26.364, se refiere a la prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas. De acuerdo al Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, las víctimas rescatadas a partir de la sanción de la ley asciende a 257 mujeres, 78 de ellas menores de edad, en tanto son 192 las personas detenidas.
Las chicas son engañadas bajo distintos artilugios, con promesas como la de ser modelos. Las citan en un lugar específico, y a partir de ahí comienza su calvario. En muchos casos, le cambian las identidades, las drogan, las amenazan con hacerles daño a su familia, y se mueven de un lugar a otro para evitar caer en manos de la policía, contando además, con la complicidad de las personas que acuden a los prostíbulos, donde esas chicas son esclavizadas y obligadas a mantener sexo con distinta clase de personas.
Esclavizadas de Ezeiza
Habitualmente vemos como desde los medios de comunicación nos cuentan que son mantenidas en condiciones infrahumanas y ultrajadas diariamente.
Los entregadores marcan a la chica que les interesa y en un operativo comando la "chupan" en un vehículo y de inmediato la violentan. Cuando la víctima se recobra ya está obligada a "trabajar". Tal parece ser el caso de Graciela Cañette, vecina de Villa Golf, quien logró escapar del cautiverio infligido en un prostíbulo. En octubre del año pasado, fue engañada con la promesa de trabajo y terminó como prostituta durante tres días en un club nocturno de la ciudad de Gualeguaychú. El hecho ocurrió a metros de la estación de trenes de Ezeiza, sobre la ruta y de día.
Periodismo en el Bicentenario.
En Ezeiza no hay prácticamente delitos de acuerdo a las estadísticas, y a la poca difusión que de ellos se dan, salvo en el periodismo regional. Por suerte, la comunidad comienza a insistir y da a conocer lo que nos sucede, descreída de falsas promesas de investigaciones a fondo, como habría ocurrido con Roxana, la desaparecida de y en Tristán Suárez.
La otrora complicidad de los medios, incluso la poderosa corporación nacional, ni se tomaban la molestia de ingresar en el Distrito Ezeiza para recabar información de los vecinos, quienes tuvieron que salir en busca de ellos. Por suerte hoy, y gracias a la ruptura de la alianza de los grandes medios con funcionarios del partido gobernante, aquella situación parece superada y la difusión alentará prevenciones y denuncias que permitan que la trata de mujeres, considerada como la forma de esclavitud del siglo XXI, no víctimice a mujeres de Ezeiza, ni de ningún lugar del mundo.
Es un hecho que la trata de blanca crece en la Argentina sin que se encuentren, o se quieran encontrar, soluciones al respecto. Las estadísticas muestran que en el 2008 desaparecieron alrededor de 600 mujeres víctimas del tráfico y comercio sexual. No es por falta de ley
es, ya que la sanción del 29 de abril del 2008 de la ley nacional 26.364, se refiere a la prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas. De acuerdo al Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, las víctimas rescatadas a partir de la sanción de la ley asciende a 257 mujeres, 78 de ellas menores de edad, en tanto son 192 las personas detenidas.Las chicas son engañadas bajo distintos artilugios, con promesas como la de ser modelos. Las citan en un lugar específico, y a partir de ahí comienza su calvario. En muchos casos, le cambian las identidades, las drogan, las amenazan con hacerles daño a su familia, y se mueven de un lugar a otro para evitar caer en manos de la policía, contando además, con la complicidad de las personas que acuden a los prostíbulos, donde esas chicas son esclavizadas y obligadas a mantener sexo con distinta clase de personas.
Esclavizadas de Ezeiza
Habitualmente vemos como desde los medios de comunicación nos cuentan que son mantenidas en condiciones infrahumanas y ultrajadas diariamente.
Los entregadores marcan a la chica que les interesa y en un operativo comando la "chupan" en un vehículo y de inmediato la violentan. Cuando la víctima se recobra ya está obligada a "trabajar". Tal parece ser el caso de Graciela Cañette, vecina de Villa Golf, quien logró escapar del cautiverio infligido en un prostíbulo. En octubre del año pasado, fue engañada con la promesa de trabajo y terminó como prostituta durante tres días en un club nocturno de la ciudad de Gualeguaychú. El hecho ocurrió a metros de la estación de trenes de Ezeiza, sobre la ruta y de día.
Periodismo en el Bicentenario.
En Ezeiza no hay prácticamente delitos de acuerdo a las estadísticas, y a la poca difusión que de ellos se dan, salvo en el periodismo regional. Por suerte, la comunidad comienza a insistir y da a conocer lo que nos sucede, descreída de falsas promesas de investigaciones a fondo, como habría ocurrido con Roxana, la desaparecida de y en Tristán Suárez.
La otrora complicidad de los medios, incluso la poderosa corporación nacional, ni se tomaban la molestia de ingresar en el Distrito Ezeiza para recabar información de los vecinos, quienes tuvieron que salir en busca de ellos. Por suerte hoy, y gracias a la ruptura de la alianza de los grandes medios con funcionarios del partido gobernante, aquella situación parece superada y la difusión alentará prevenciones y denuncias que permitan que la trata de mujeres, considerada como la forma de esclavitud del siglo XXI, no víctimice a mujeres de Ezeiza, ni de ningún lugar del mundo.
domingo, 20 de junio de 2010
Reflexiones sobre el Bicentenario
Un pensandor contemporáneo dijo que "si en Europa la Patria está situada temporalmente en el pasado, en América está puesta en el futuro, planteada como un sueño de un lugar de justicia e igualdad, ya desde el pensamiento de nuestros primeros patriotas".Allá por 1810, un grupo de hombres sonó con cambiar el orden social injusto. había muchos desafíos y demasiadas diferencias. En un mundo monárquico, ¡que desafío era armar una república !. En un mundo profundamente racista, ¡que difícil pensar en darle la igualdad a los indígenas y a los aficanos! Sin embargo, los patriotas fueron cocncretándola.
Ninguno de nuestros más destacados héroes de la independencia alcanzó a ver el país organizado constitucionalmente. En 1853 ya habían muerto Moreno, Saavedra, Belgrano y San Martín, entre otros. El país todavía no se consolidaba como estado nacional y ellos ya habían dado sus vidas por esta causa.
Nuestro país hoy, está ubicado entre las 20 economías más importantes del planeta, pero no hemos conseguido la Patria que soñábamos. Hace poco días, los indígenas hicieron una gran marcha para que se le reconozcan sus derechos. Aún hoy la riqueza está mal distribuída, y todavía no podemos ponernos de acuerdo acerca de qué poyecto de país queremos.
Así como en 1810 empezaron a romperse algunas cadenas que oprimían el cuerpo de una nación en potencia, puede ser oportuno pensar hoy cuáles son las nuevas cadenas que entorpecen nuestro desarrollo y la conquista de una sociedad más justa e igualitaria.
Pensar, no para quejarnos simplemente, pensar para actuar. Y actuar, como diría José Hernández: "no para mal de ninguno, sino para bien de todos".
María Angélica Pereira.
Nota: la ilustración corresponde a un fragmento de la obra de Antonio Berni
sábado, 5 de junio de 2010
Cuestiones del Bicentenario
Para esta ocasión, para hablar de esta fecha, sería mejor un poeta, lo digo porque los poetas creo, que han definido la patria mejor que los historiadores. Sin ir mas lejos entre nosotros, Maria Elena Walsh hablando de la patria decía:
“porque me duele si me quedo / pero me muero si me voy”
Bellas palabras, para describir esa relación un tanto contradictoria que solemos tener los argentinos con nuestra tierra o nuestra patria, que es el tema que nos convoca, ¿porque de que otra cosa vamos a hablar hoy, que no sea de la patria?
Con esto, también estoy diciendo, que esta palabra patria, es una palabra que no pienso regalarle a nadie, e invito a todos que hagan lo mismo, es decir que no apropiemos de la palabra patria, que suele ser usada con cierto desparpajo e impudor por la derecha y por algunos uniformados, o muchos.
Aunque no lo parezca, la apropiación de las palabras tiene su importancia, ya que para la construcción de una identidad cultural o de una patria, es necesario presentar batalla no solo en el terreno material sino también en el terreno espiritual.
Ahora que estamos en el 2º centenario no puedo evitar refirme a algunas cuestiones sucedidas en el 1º centenario. Concretamente de aquellos versos que un poeta nicaraguense y columnista del diario La Nación de Buenos Aires, Ruben Darío, que en su famosa Oda a la Argentina, versos desbordantes de admiración por lo que estaba sucediendo, o por lo menos lo que el veía o quería ver de lo que estaba sucediendo en aquel lejano 1910. Me gustaría que presten atención a este poema que en una parte decía:
y en verso cordial Argentina
que sea inexhausta tu mina
inacabables tus rebaños
y que todos los pueblos extraños
coman el pan de tu harina”.
Esas palabras de Ruben Darío, me obligan a pensar sobre, si al oir hablar del trigo y de los inacabables rebaños sentirían lo mismo los dueños de la tierra que una vez terminada la cosecha y se iban 6 meses a Europa a tirar manteca al techo, que los trabajadores de los quebrachales o los tabacales que trabajaban por un vale de comida situación que con gran valentía inmortalizó Hugo del Carril en su inolvidable película “Las aguas bajan turbias”.
¿Sentirían lo mismo los peones golondrinas que venían del norte a la pampa gringa a cosechar ese trigo, para seguir luego hacia la vendimia mendocina, y así en una nomadismo interminable, paseando su miseria por miles de surcos ajenos?
Este y no otro, era el escenario del festejo: Una patria oficial recibiendo todas las personalidades del mundo, y la otra patria que no podía comer satisfactoriamente en un país que exportaba trigo y carne para millones, y que además en ese mismo festejo se realizaba con estado de sitio, con actividad sindical prohibida y con la aplicación de la ley de residencia que deportaba a cualquier extranjero encontrado en actividades supuestamente subversivas.
Si no podían sentir lo mismo, cuando oían los versos de Darío, quiere decir que no había una sola patria. Había por lo menos dos patrias, irreconciliables entre si. Esas dos patrias no caben bajo el mismo cielo. Se rechazan y se rechazarán eternamente hasta tanto no se resuelva ese conflicto en favor de la justicia.
Cambiando las circunstancias, como la Argentina sigue exportando alimento para 400 millones de personas y muchos de los 40 millones que aquí habitan revisan comida de la basura, entonces no va a haber una sola patria. Solo puede haberla si hay un techo mínimo donde todos tengamos cabida, es decir un piso de justicia básica, aquello que un estadista argentino llamó la línea de la vida, debajo de la cual ningún habitante de este suelo debería estar. Para que haya una sola patria, no puede existir nada, absolutamente nada que nos llene de culpa y de indignación, como ver gente revolviendo basura para comer, o durmiendo en cualquier lado o aún aquellos que tienen trabajo, pero están trabajando con regímenes laborales propios del siglo XIX, en el que la jornada de 8 hs parece ser un lejano recuerdo.
La otra cuestión tiene que ver con la identidad
Es un tema muy complejo. Con el desarrollo actual de los medios de comunicación es un tema mas complejo aún. No voy a transitar por esas complejidades que todos advertirán, ya que los medios masivos prácticamente me ordenan ¡vistete de este modo! ¡escucha esta música! y adoptá estos gustos, por lo tanto la posibilidad de decidir libremente sobre nuestra propia identidad es muy escasa.
Vinculado a la identidad y a la formación de la misma, me voy a valer para referirme a ella, de un ejemplo mucho mas profano. Es probable que todos los que estamos acá debido a que estudiamos historia, entendamos que la identidad o la nacionalidad es algo que se va construyendo y que va adoptando muchas formas, cambiantes, buenas, malas, regulares etc.
Tampoco creo mucho, cuando se dice los argentinos son así, los europeos son así, los brasileños son así. Serán así unos y otros serán de otro modo, la condición humana es bastante parecida en todos lados. No obstante, a la hora de mostrar algunos rasgos identitarios, es posible decir que tal pueblo por lo menos en sus comportamientos colectivos suele actuar de este modo o de aquel modo.
Siendo así, esa identidad colectiva, esos rasgos comunes se pueden cambiar, para bien o para mal, pueden repetirse conductas solidarias o conductas egoístas. No es la identidad nacional o la argentinidad una esencia inmutable que nació un 25 de mayo y permanece inalterada a través de los años. Es algo que va mudando, cambiando de formas, manteniendo algunas y otras quedando de lado.
El año pasado fue noticia de los diarios un episodio sucedido en Mendoza que me gustaría vincularlo con esto que estoy diciendo. Un grupo de turistas extranjeros, que venían en un micro de Chile parecía que estaban todos con gripe A, por lo tanto corría riesgos sus vidas si no eran atendidos en forma urgente. Ante la evidencia de los síntomas que tenían los pasajeros, el colectivo se dirige hacia un hospital. Al enterarse del episodio un grupo de vecinos comienza a apedrear al colectivo para que no sean atendidos porque el hospital no cubría satisfactoriamente las necesidades locales. No escapa a mi razonamiento, que en cualquier ciudad fronteriza ya sea internacional o entre dos provincias argentinas o entre dos municipios, corresponde a las autoridades, coordinar las formas y los lugares de atención para evitar problemas saturación de algún hospital. Todo en función de una mejor atención. Pero pienso, que si bien eso se tiene que solucionar civilizadamente, ante una urgencia y alguien corre peligro de muerte o si alguien nace, si alguien necesita una ayuda urgente, no interesa cual es su nacionalidad, barrio de residencia, condición social o el domicilio.
Ustedes dirán, pero mira lo que hacen en España y en Europa con los inmigrantes. Que suceda en España o en ciudades europeas o norteamericanas enfermas de racismo, no significa que voy a imitar a las llamadas naciones desarrolladas en sus prácticas más despreciables. Nosotros vamos a actuar como nuestra mejor humanidad lo indique, aún con las personas de aquellas nacionalidades en cuyos países actúan de esa forma tan mezquina. Nosotros tenemos que ayudar al que pasa por un mal trance. Los argentinos que tenemos nuestros defectos, pero también tenemos nuestras virtudes y la solidaridad no es algo ajeno a nuestra mejor tradición cultural, la gauchada no es un mito, existía. Pero ese espíritu solidario, no es una esencia inmutable que va a perdurar eternamente porque si nomás. Solo con nuestra conducta podemos abonarla. Hagamos que siga existiendo.
Yo quiero imaginemos un chico de 9 ó 10 años que vive en la ciudad que sucedió este episodio. Que va paseando con su madre y por casualidad ve a toda esa gente apedreando el colectivo. Este hecho va a tener sobre ese chico un efecto didáctico-pedagógico muchísimo más potente, que mil actos y loas que se hagan a la patria, a la escarapela y a toda la simbología patriótica a la que la enseñanza formal nos acostumbra. Esas personas apedreando el colectivo, realizan un enorme aporte a la identidad colectiva, pero es un aporte que no puede ser peor. Ese episodio, va a sumar mucho más a la identidad de ese niño y a la forma de ser argentinos que mil actos escolares, no les quepa duda.
Es decir que la construcción de una identidad está en constante evolución, que nuestra conducta cotidiana también va a dar como resultado un carácter nacional acorde con esa conducta.
Por último creo oportuno hacer alguna referencia a los recordatorios de las fechas patrias.
Este ha sido un festejo especial, aunque solo sea por el hechizo que producen los números redondos, de tal manera que el aniversario 200 se torna mucho más importante que el 199 o que el 201. Motivo? Creo que ninguno.
Pero sin duda que el festejo, tuvo su emotividad y creo que estuvo muy bien. Hubo sobre todo una mas que generosa adhesión popular. Fue mucho mas importante la adhesión popular que la profundidad de los debates sobre los significados de la fecha, que no los sentí tan sustanciosos. Pero como sea, o como lo haya sentido cada uno, nosotros historiadores, que de algún modo formamos parte de una especie de cofradía o club de los memoriosos y como tales no podemos olvidar que en esta misma avenida ahí en esas cuadras que pasan por el obelisco, donde hubo millones de personas festejando, hace solo 9 años, en diciembre del 2001, hubo 30 muertos, entonces no podemos ignorar el cambio de contexto o de escenario.
No debemos perder esta perspectiva. El pasado no debe ser para nosotros un pasivo de nuestra nostalgia, sino un activo de nuestra memoria.
Pero para desarrollar mi idea, voy a dejar de lado lo excepcional y emocionante aniversario, es decir que me voy a referir al aniversario habitual, al aniversario 197, 198, 199, o al 201. En general estas fechas no salen de la rutina escolar, de la evocación burocrática. Entonces cuando llega la fecha y todos ponemos gestos de preocupación, aunque en general, no estamos preocupados. Esa es la verdad.
Ustedes se preguntarán si eso sucede porque el sentimiento patriótico está en declive? De ninguna manera creo que ese sea el motivo. Y si ustedes me disculpan, creo tener la respuesta a esa apatia hacia la recordación. Creo que el motivo es el siguiente.
Aquella gesta de mayo puede arrojar sobre nosotros, o sobre el presente sonoridades que muevan la cuerda de nuestra sensibilidad, solamente si estamos como sociedad emprendiendo alguna tarea, alguna empresa colectiva, alguna batalla política, que por su envergadura, sintamos que guarda alguna relación o es comparable con aquella, que su trascendencia nos haga sentir herederos de aquella gesta, que es una continuación de aquella que evocamos cada 25 de mayo.
Si no es así, aquella gesta que sospechamos heroica, indefectiblemente se va a tornar una evocación formal y burocrática y va a ser cada día más, un edulcorado y tierno recuerdo cada vez mas borroso, de guardapolvos almidonados y tapas de Billiken con la foto del cabildo.
En cierto sentido, están pasando algunas cosas en este tiempo que invitan a cierto optimismo. Están soplando, no diría vientos primaverales, pero por lo menos alguna brisa primaveral, cierto retorno saludable de la política, de discusiones un poco más apasionadas de temas importantes. En buena hora.
Pero creo hace falta algo más, para que este involucrada una cantidad significativa de personas. Hay problemas de sobra que justificarían salvar las dificultades políticas que impiden que las mayorías populares se encolumnen masivamente detrás de un proyecto colectivo de envergadura. Cuando eso suceda, tengan por seguro, que los días que recordamos las fechas que nos dieron vida como pueblo, van adquirir nueva dimensión y van arrojar sobre nosotros emociones que nos harán sentir que nuestra lucha y nuestra empresa colectiva tuvo sus antecesores y somos parte de esa misma historia. Solamente el proyecto presente, puede hacer que el pasado nos vuelva a emocionar y no solo en el aniversario 200 sino en el 201 y en el 204, que sólo así, pueden adquirir actualidad, significado profundo y verdadera dimensión.
Para cerrar, volviendo a la idea del principio: a los poetas y a la patria: Marechal, con encendido misticismo bíblico definía la patria como “un dolor que llevamos en el costado”.
Agregaría yo, que ese dolor que llevamos en el costado requiere curaciones urgentes, el grito de mayo no ha sido completado, es necesario una nueva emancipación, para sacar a la patria de ese pantano de injusticias y contradicciones irresueltas, que ya por su arraigo parecen de orden natural y que nos están inmunizando frente al dolor.
Para evitarlo es necesario, sentir, que este cacho de cielo que compartimos, que llamamos patria, nos cobije a todos por igual, sin ventajas para nadie, solo de ese modo tal vez podamos construir una sola patria que en palabras criollas, sería aquella en que sea para todos la cobija o para todos el invierno.Creo que nosotros como docentes tenemos que bregar por esta idea, y si alguien nos mira con gesto asombrado, insinuando lo inoportuno de nuestras palabras o lo exagerado de nuestras pretensiones, es algo que no debe desanimarnos, ya que en mundo excesivamente materialista una mirada crítica y esperanzada va a ser siempre un gesto inoportuno.
ENRIQUE DE ALZAA
“porque me duele si me quedo / pero me muero si me voy”
Bellas palabras, para describir esa relación un tanto contradictoria que solemos tener los argentinos con nuestra tierra o nuestra patria, que es el tema que nos convoca, ¿porque de que otra cosa vamos a hablar hoy, que no sea de la patria?
Con esto, también estoy diciendo, que esta palabra patria, es una palabra que no pienso regalarle a nadie, e invito a todos que hagan lo mismo, es decir que no apropiemos de la palabra patria, que suele ser usada con cierto desparpajo e impudor por la derecha y por algunos uniformados, o muchos.
Aunque no lo parezca, la apropiación de las palabras tiene su importancia, ya que para la construcción de una identidad cultural o de una patria, es necesario presentar batalla no solo en el terreno material sino también en el terreno espiritual.
Ahora que estamos en el 2º centenario no puedo evitar refirme a algunas cuestiones sucedidas en el 1º centenario. Concretamente de aquellos versos que un poeta nicaraguense y columnista del diario La Nación de Buenos Aires, Ruben Darío, que en su famosa Oda a la Argentina, versos desbordantes de admiración por lo que estaba sucediendo, o por lo menos lo que el veía o quería ver de lo que estaba sucediendo en aquel lejano 1910. Me gustaría que presten atención a este poema que en una parte decía:
y en verso cordial Argentina
que sea inexhausta tu mina
inacabables tus rebaños
y que todos los pueblos extraños
coman el pan de tu harina”.
Esas palabras de Ruben Darío, me obligan a pensar sobre, si al oir hablar del trigo y de los inacabables rebaños sentirían lo mismo los dueños de la tierra que una vez terminada la cosecha y se iban 6 meses a Europa a tirar manteca al techo, que los trabajadores de los quebrachales o los tabacales que trabajaban por un vale de comida situación que con gran valentía inmortalizó Hugo del Carril en su inolvidable película “Las aguas bajan turbias”.
¿Sentirían lo mismo los peones golondrinas que venían del norte a la pampa gringa a cosechar ese trigo, para seguir luego hacia la vendimia mendocina, y así en una nomadismo interminable, paseando su miseria por miles de surcos ajenos?
Este y no otro, era el escenario del festejo: Una patria oficial recibiendo todas las personalidades del mundo, y la otra patria que no podía comer satisfactoriamente en un país que exportaba trigo y carne para millones, y que además en ese mismo festejo se realizaba con estado de sitio, con actividad sindical prohibida y con la aplicación de la ley de residencia que deportaba a cualquier extranjero encontrado en actividades supuestamente subversivas.
Si no podían sentir lo mismo, cuando oían los versos de Darío, quiere decir que no había una sola patria. Había por lo menos dos patrias, irreconciliables entre si. Esas dos patrias no caben bajo el mismo cielo. Se rechazan y se rechazarán eternamente hasta tanto no se resuelva ese conflicto en favor de la justicia.
Cambiando las circunstancias, como la Argentina sigue exportando alimento para 400 millones de personas y muchos de los 40 millones que aquí habitan revisan comida de la basura, entonces no va a haber una sola patria. Solo puede haberla si hay un techo mínimo donde todos tengamos cabida, es decir un piso de justicia básica, aquello que un estadista argentino llamó la línea de la vida, debajo de la cual ningún habitante de este suelo debería estar. Para que haya una sola patria, no puede existir nada, absolutamente nada que nos llene de culpa y de indignación, como ver gente revolviendo basura para comer, o durmiendo en cualquier lado o aún aquellos que tienen trabajo, pero están trabajando con regímenes laborales propios del siglo XIX, en el que la jornada de 8 hs parece ser un lejano recuerdo.
La otra cuestión tiene que ver con la identidad
Es un tema muy complejo. Con el desarrollo actual de los medios de comunicación es un tema mas complejo aún. No voy a transitar por esas complejidades que todos advertirán, ya que los medios masivos prácticamente me ordenan ¡vistete de este modo! ¡escucha esta música! y adoptá estos gustos, por lo tanto la posibilidad de decidir libremente sobre nuestra propia identidad es muy escasa.
Vinculado a la identidad y a la formación de la misma, me voy a valer para referirme a ella, de un ejemplo mucho mas profano. Es probable que todos los que estamos acá debido a que estudiamos historia, entendamos que la identidad o la nacionalidad es algo que se va construyendo y que va adoptando muchas formas, cambiantes, buenas, malas, regulares etc.
Tampoco creo mucho, cuando se dice los argentinos son así, los europeos son así, los brasileños son así. Serán así unos y otros serán de otro modo, la condición humana es bastante parecida en todos lados. No obstante, a la hora de mostrar algunos rasgos identitarios, es posible decir que tal pueblo por lo menos en sus comportamientos colectivos suele actuar de este modo o de aquel modo.
Siendo así, esa identidad colectiva, esos rasgos comunes se pueden cambiar, para bien o para mal, pueden repetirse conductas solidarias o conductas egoístas. No es la identidad nacional o la argentinidad una esencia inmutable que nació un 25 de mayo y permanece inalterada a través de los años. Es algo que va mudando, cambiando de formas, manteniendo algunas y otras quedando de lado.
El año pasado fue noticia de los diarios un episodio sucedido en Mendoza que me gustaría vincularlo con esto que estoy diciendo. Un grupo de turistas extranjeros, que venían en un micro de Chile parecía que estaban todos con gripe A, por lo tanto corría riesgos sus vidas si no eran atendidos en forma urgente. Ante la evidencia de los síntomas que tenían los pasajeros, el colectivo se dirige hacia un hospital. Al enterarse del episodio un grupo de vecinos comienza a apedrear al colectivo para que no sean atendidos porque el hospital no cubría satisfactoriamente las necesidades locales. No escapa a mi razonamiento, que en cualquier ciudad fronteriza ya sea internacional o entre dos provincias argentinas o entre dos municipios, corresponde a las autoridades, coordinar las formas y los lugares de atención para evitar problemas saturación de algún hospital. Todo en función de una mejor atención. Pero pienso, que si bien eso se tiene que solucionar civilizadamente, ante una urgencia y alguien corre peligro de muerte o si alguien nace, si alguien necesita una ayuda urgente, no interesa cual es su nacionalidad, barrio de residencia, condición social o el domicilio.
Ustedes dirán, pero mira lo que hacen en España y en Europa con los inmigrantes. Que suceda en España o en ciudades europeas o norteamericanas enfermas de racismo, no significa que voy a imitar a las llamadas naciones desarrolladas en sus prácticas más despreciables. Nosotros vamos a actuar como nuestra mejor humanidad lo indique, aún con las personas de aquellas nacionalidades en cuyos países actúan de esa forma tan mezquina. Nosotros tenemos que ayudar al que pasa por un mal trance. Los argentinos que tenemos nuestros defectos, pero también tenemos nuestras virtudes y la solidaridad no es algo ajeno a nuestra mejor tradición cultural, la gauchada no es un mito, existía. Pero ese espíritu solidario, no es una esencia inmutable que va a perdurar eternamente porque si nomás. Solo con nuestra conducta podemos abonarla. Hagamos que siga existiendo.
Yo quiero imaginemos un chico de 9 ó 10 años que vive en la ciudad que sucedió este episodio. Que va paseando con su madre y por casualidad ve a toda esa gente apedreando el colectivo. Este hecho va a tener sobre ese chico un efecto didáctico-pedagógico muchísimo más potente, que mil actos y loas que se hagan a la patria, a la escarapela y a toda la simbología patriótica a la que la enseñanza formal nos acostumbra. Esas personas apedreando el colectivo, realizan un enorme aporte a la identidad colectiva, pero es un aporte que no puede ser peor. Ese episodio, va a sumar mucho más a la identidad de ese niño y a la forma de ser argentinos que mil actos escolares, no les quepa duda.
Es decir que la construcción de una identidad está en constante evolución, que nuestra conducta cotidiana también va a dar como resultado un carácter nacional acorde con esa conducta.
Por último creo oportuno hacer alguna referencia a los recordatorios de las fechas patrias.
Este ha sido un festejo especial, aunque solo sea por el hechizo que producen los números redondos, de tal manera que el aniversario 200 se torna mucho más importante que el 199 o que el 201. Motivo? Creo que ninguno.
Pero sin duda que el festejo, tuvo su emotividad y creo que estuvo muy bien. Hubo sobre todo una mas que generosa adhesión popular. Fue mucho mas importante la adhesión popular que la profundidad de los debates sobre los significados de la fecha, que no los sentí tan sustanciosos. Pero como sea, o como lo haya sentido cada uno, nosotros historiadores, que de algún modo formamos parte de una especie de cofradía o club de los memoriosos y como tales no podemos olvidar que en esta misma avenida ahí en esas cuadras que pasan por el obelisco, donde hubo millones de personas festejando, hace solo 9 años, en diciembre del 2001, hubo 30 muertos, entonces no podemos ignorar el cambio de contexto o de escenario.
No debemos perder esta perspectiva. El pasado no debe ser para nosotros un pasivo de nuestra nostalgia, sino un activo de nuestra memoria.
Pero para desarrollar mi idea, voy a dejar de lado lo excepcional y emocionante aniversario, es decir que me voy a referir al aniversario habitual, al aniversario 197, 198, 199, o al 201. En general estas fechas no salen de la rutina escolar, de la evocación burocrática. Entonces cuando llega la fecha y todos ponemos gestos de preocupación, aunque en general, no estamos preocupados. Esa es la verdad.
Ustedes se preguntarán si eso sucede porque el sentimiento patriótico está en declive? De ninguna manera creo que ese sea el motivo. Y si ustedes me disculpan, creo tener la respuesta a esa apatia hacia la recordación. Creo que el motivo es el siguiente.
Aquella gesta de mayo puede arrojar sobre nosotros, o sobre el presente sonoridades que muevan la cuerda de nuestra sensibilidad, solamente si estamos como sociedad emprendiendo alguna tarea, alguna empresa colectiva, alguna batalla política, que por su envergadura, sintamos que guarda alguna relación o es comparable con aquella, que su trascendencia nos haga sentir herederos de aquella gesta, que es una continuación de aquella que evocamos cada 25 de mayo.
Si no es así, aquella gesta que sospechamos heroica, indefectiblemente se va a tornar una evocación formal y burocrática y va a ser cada día más, un edulcorado y tierno recuerdo cada vez mas borroso, de guardapolvos almidonados y tapas de Billiken con la foto del cabildo.
En cierto sentido, están pasando algunas cosas en este tiempo que invitan a cierto optimismo. Están soplando, no diría vientos primaverales, pero por lo menos alguna brisa primaveral, cierto retorno saludable de la política, de discusiones un poco más apasionadas de temas importantes. En buena hora.
Pero creo hace falta algo más, para que este involucrada una cantidad significativa de personas. Hay problemas de sobra que justificarían salvar las dificultades políticas que impiden que las mayorías populares se encolumnen masivamente detrás de un proyecto colectivo de envergadura. Cuando eso suceda, tengan por seguro, que los días que recordamos las fechas que nos dieron vida como pueblo, van adquirir nueva dimensión y van arrojar sobre nosotros emociones que nos harán sentir que nuestra lucha y nuestra empresa colectiva tuvo sus antecesores y somos parte de esa misma historia. Solamente el proyecto presente, puede hacer que el pasado nos vuelva a emocionar y no solo en el aniversario 200 sino en el 201 y en el 204, que sólo así, pueden adquirir actualidad, significado profundo y verdadera dimensión.
Para cerrar, volviendo a la idea del principio: a los poetas y a la patria: Marechal, con encendido misticismo bíblico definía la patria como “un dolor que llevamos en el costado”.
Agregaría yo, que ese dolor que llevamos en el costado requiere curaciones urgentes, el grito de mayo no ha sido completado, es necesario una nueva emancipación, para sacar a la patria de ese pantano de injusticias y contradicciones irresueltas, que ya por su arraigo parecen de orden natural y que nos están inmunizando frente al dolor.
Para evitarlo es necesario, sentir, que este cacho de cielo que compartimos, que llamamos patria, nos cobije a todos por igual, sin ventajas para nadie, solo de ese modo tal vez podamos construir una sola patria que en palabras criollas, sería aquella en que sea para todos la cobija o para todos el invierno.Creo que nosotros como docentes tenemos que bregar por esta idea, y si alguien nos mira con gesto asombrado, insinuando lo inoportuno de nuestras palabras o lo exagerado de nuestras pretensiones, es algo que no debe desanimarnos, ya que en mundo excesivamente materialista una mirada crítica y esperanzada va a ser siempre un gesto inoportuno.
ENRIQUE DE ALZAA
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