lunes, 13 de abril de 2026

Educación y familia (II)

  La educación no debe limitarse a la transmisión de conocimientos sin incluir la formación en valores y actitudes positivas. Es necesario que los docentes motiven, que contagien entusiasmo; claro que ningún docente podría lograrlo si no se alimenta su propia motivación, si no se siente acompañado por la comunidad. Y ahí entra el tema de la familia.
  La autoridad del docente es una construcción social en donde interviene el conocimiento, la capacidad de enseñar, la coherencia, y la valorización de la escuela por parte de la familia. Si como adultos, apañamos incondicionalmente a nuestros hijos/alumnos, estamos diciéndoles que los docentes no son confiables, y por lo tanto, no vale la pena seguirlos. El resultado inmediato es que nuestros hijos “tienen que ir a la escuela porque es obligación”, y se pierde la perspectiva de que “pueden ir a estudiar porque es su derecho”, y que la obligación de los padres es enviarlos, facilitarles los estudios, educarlos para que puedan construir su tiempo con mayor justicia social.
  La seducción del aprendizaje es la consecuencia de un proceso de buena enseñanza centrada en una exigencia coherente y la autoridad de un docente capacitado, acompañado por la familia. El rol de los padres, de cualquier integrante de la familia incluso en su acepción más amplia, es fundamental. No solo refiero al valor que le den a la escuela, sino el respeto hacia la figura del maestro/profesor. Por más esfuerzo que realicen los docentes dentro del aula, la valorización comienza en el hogar, es tarea familiar.
  No es absorbente la tarea de acompañar a nuestros hijos; y si lo es, son nuestros hijos. Debemos alentarlos, marcarle sus logros; considerar que no es lo mismo acentuar el qué nota va a sacar, que decirle que “aprenda todo lo que pueda”. Facilitarle el acceso al conocimiento, crearles entornos de aprendizajes; no hacerles la tarea, ayudarlos a organizar su tiempo (fundamental), darles reglas.
 
  Evitemos desvalorizar a la escuela frente a los niños, el respeto de los chicos es en buena medida, reflejo del respeto que ven en los adultos. Acerquémonos a las instituciones y presentemos nuestras dudas y requerimientos, involucrémonos con sus necesidades y demandas. Si no podemos acudir a las reuniones, tratemos que algún familiar o allegado, acuda.
  El pacto tácito con la escuela siempre comienza confiando en el rol docente, en su criterio. En cuanto a nos, los docentes, recordemos que: “El mundo en que vivimos ha alcanzado una fase crítica. Los hijos ya no obedecen a sus padres. Por lo visto, el fin del mundo no está muy lejos” (sacerdote egipcio; 4000 AP).

Juan Carlos Ramirez Leiva


domingo, 12 de abril de 2026

Héroes de Malvinas

  Hoy conmemoramos un hecho doblemente trágico: la frustración de un deseo y el inicio de un calvario donde muchos jóvenes perdieron la vida. Las islas Malvinas eran y siguen siendo legítimamente nuestras. Argentina ha buscado permanentemente recuperar a las islas Malvinas, desde que el usurpador inglés las ocupara en 1833. El reclamo es continuo y justo, siempre marcado por las reglas del derecho internacional. Pero hubo una trágica excepción cuando fueron enviados a la muerte para distraer a la opinión pública de los terribles crímenes que la dictadura cometió; fueron enviados a la muerte mientras el general dictador residía cómodamente en Buenos Aires. En 1982 nos gobernaba una dictadura militar que despreció a sus ciudadanos, violando sangrientamente los Derechos Humanos. El Proceso agonizaba tras 6 años de represión ilegal, especulación financiera y aislamiento internacional. Pensaron entonces que la recuperación de las islas les permitiría perpetuarse en el poder.
  Fue una decisión inconsulta, dictatorial, encabezada por un general alcohólico. La aventura militar comenzó el 2 de abril de 1982; duró 74 días y murieron más de 700 argentinos. Conmemoremos, honremos, no olvidemos tantas muertes vanas, caprichos de una macabra dictadura.

 No glorificamos ni a la guerra ni a la muerte, damos gloria a quienes perdieron la vida en ella; no glorificamos la guerra, honramos a nuestros héroes, los que nos acompañan, los que continúan con vida, y a los que quedaron haciendo una vigilia eterna, en nuestras queridas e irrenunciables islas Malvinas; las mismas que son y serán argentinas.
  Las islas Malvinas son y serán argentinas. Ejercemos nuestro derecho al reclamo. Las decisiones y las acciones que de ellas se desprenden serán tomadas siempre desde un gobierno democrático. Nunca Más a las dictaduras, no a las guerras donde sólo mueren adolescentes compatriotas.
  Hoy recordamos que desde finalizada la guerra se han suicidado veteranos en un número similar a los caídos en batalla, excluyendo a las víctimas del “Belgrano”. Hoy les ofrecemos nuestro respeto a para quienes la guerra no finalizó el 14 de junio de 1982 porque la llevan continuamente en sus vidas.
  Hoy honramos la memoria de los héroes que ya no están, y de los sobrevivientes, de nuestros querido Veteranos de Guerra.
¡Gloria a nuestros héroes!

Juan Carlos Ramirez Leiva