Suelo viajar en el Roca y como muchos, intento
no desesperar por lo incierto de esos viajes y las vicisitudes que normalmente
se atraviesan para llegar a destino, en mi caso, a mi querida Ezeiza. En esas
travesías suelo leer, pero esta vez fui apartado de mi propósito por un
compañero de asiento que, con entusiasmo, me impidió hacerlo.
Lo
escuche con desganada atención parlotear sobre su descubierto secreto, sobre
una conspiración que nos envuelve y necesitamos comprender pronto, ya que vamos
camino al caos. Hablaba sobre un personaje siniestro que tomo el poder e
intenta someternos a una irrealidad cambiante. Intente demostrarle, sin ofenderlo,
que su delirio no me interesaba, prestándole más atención al desfile de
vendedores de alfajores, linternas laser, y recién horneadas chipa.
Estaría
con nosotros ese raro personaje con poderes especiales a quien describió como un supervillano en pañales: el Guachón. Éste, nos estaba
envolviendo en una historia en constante evolución, una historia que refleja la
naturaleza cambiante y multifacética de la locura.
El
origen del Guachón estaría envuelto en un aura de caos y locura. Habría sido objeto de especulaciones y
teorías, pero ahora se habría revelado finalmente la verdadera historia del Guachón,
desentrañando un enigma que habría cautivado a una generación de imberbes,
despistados y ancianos mojados.
Pese a mi estado ya soñoliento, lo escuche
decir que el
Guachón es popular por su capacidad de causar terror convirtiéndose en un
símbolo de la locura. Su impacto en la cultura popular se evidenciaría en la
cantidad de memes que genera, creo que dijo al son de una cumbia cantada por
una pareja en el atestado coche.
Saliendo ya de Monte Grande, y mientras se me
desdibujaba un personaje que ofrecía cuchillas afiladas, creo que me conto que
del villano en cuestión, solo se sabe que fue un estudiante mediocre, un
escritor copión y economista frustrado; que planeó una estafa con una tal Libra
que le salió mal y que estaría actuando con una repostera tarotista.
Desperté al llegar a mi destino y, ahí caigo
en cuenta que mi compañero no estaba y dude: o se bajó en El Jagüel, o nunca
existió. De todas maneras, este viaje me dejó claro que el Guachón es un personaje
que invita a la reflexión.
Mientras caminaba por nuestro hermoso parque
central, pensaba que la línea entre la cordura y la locura es frágil, y que la
oscuridad puede acechar en los rincones más inesperados de la psique humana.
Juan Carlos Ramirez Leiva.