lunes, 13 de junio de 2016

Día del Periodista.


Nota que el periodista y profesor Hugo Goncalvez tuviera la gentileza de hacerme para el periódico La Palabra de Ezeiza, con motivo del Día del Periodista.

El profesor Juan Carlos Ramirez es historiador y divulgador de temas culturales en medios regionales. Entiende que Ezeiza es el centro de su universo desde hace 65 años por lo que no extraña que se exprese desde www.pensandodesdeezeiza.blogspot.com.ar
Qué es el periodismo.
Es el resultado de la evolución histórica de la vieja polis. A los griegos les bastaba el ágora, la plaza, para difundir ideas y resultados de las políticas implementadas, pero los romanos ya debieron valerse de los pasquines para contrarrestar los poderes oficiales. Pronto se pudo apreciar la diferencia entre la propalación de noticias oficiales emitidos por el poder y las hojas que circulaban con otras propuestas, otras visiones. Concretamente, la difusión de noticias institucionales como la divulgación de otras posturas nace como una necesidad de la política de emplear medios de comunicación acordes a las nuevas sociedades; y aún hoy continúa la evolución del periodismo.
¿Y en cuanto al periodista?
Definir al periodista es simple y complejo a la vez. El periodista es quien conoce y difunde temas de interés social en un medio de comunicación oral, escrito, audiovisual o virtual. Sin embargo, si lo pensamos desde dónde lo hace, tendremos periodistas que responden a las instituciones privadas o no, militantes, opositores, oficialistas, independientes, en fin, se complejiza todo intento de conceptualización.
Hoy ¿Es necesario el periodismo?
El periodismo fue tan eficiente en su rol de investigador a finales de siglo, que la libertad del periodista troco en la libertad de las empresas periodísticas para decidir qué, cómo y cuándo publicar. El periodismo fue institucionalizado y un elevado número de periodistas se convirtieron en mercenarios de las comunicaciones forzando las posibles interpretaciones y creando realidades. Por eso es necesario el periodismo de todo cuño y formato para que podamos escoger cuáles de los recortes de la realidad y su verdad asociada, nos resulta más tolerable, complaciente, o nos moviliza a intentar cambios sociales.
Cómo debiera ser la profesión
Hoy el periodista sigue siendo imprescindible como también es distinto de aquellos creadores de música en las redacciones, cuando tipiaban en las viejas máquinas de escribir. Hoy, además de noteros, investigadores o divulgadores, hay una enorme variedad de especializaciones. Hoy es muy inquietante la diversidad de formatos periodísticos como formaciones periodísticas, profesionales u ocasionales, todos crean realidades diferentes. Hoy blogueamos o twitteamos, y lo que es mejor, todos podemos ser periodistas de impacto nacional gracias a las nuevas tecnologías.
Cuál sería un punto que provoque conflicto ético.
Quizás si uno se encuentra en la encrucijada de proteger ocultando información o difundirla y perjudicar a un amigo. Pero sin dudas, un tema candente es el rol de los medios y de los periodistas en la creación de la realidad.
Hoy, las cadenas informativas crean verdades cuando dirigen la atención sobre un tema con miradas institucionales, repitiéndolas en cada uno de los medios que económicamente dominan. Después de todo, Nietzsche sostuvo que la verdad es una ilusión metafórica, y además, ya lo afirmaba Vladimir Lenin: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad.” La Ley de Medios menguaba el poder corporativo de inventar presentes y pasados condicionantes de futuros, al incentivar la diversidad de medios.

martes, 10 de mayo de 2016

65 y sumando

La negación de la edad es una tontería. No le tengo miedo a esta etapa que empieza a los sesenta años. Ser sexagenario no está tan mal. Cuando acudo a un gimnasio o cuando salgo a trotar, nadie piensa que no quiero aceptar que no soy un pendejo; por el contrario, algunos dirán con simpático asombro: ¡Miralo al viejito! Cumplir seis décadas es estar frente a una encrucijada, frente a la decisión de elegir nuestro próximo derrotero: nos convertimos en un trasto viejo, en un desubicado, o en un hombre maduro que comienza su andar de viejo sabio, de quien comienza a adivinar los finales de las películas sin dejar de disfrutarlas por ello.
Tener la certeza de ya no ser joven no me lleva a coincidir con Georges Bernard Shaw y pensar que la juventud es un defecto que se cura con el tiempo, prefiero si referirme al acerto de Alejandro Pushkin, aquel que decía: Feliz aquel que fue joven en su juventud, feliz aquel que supo madurar a tiempo. El miedo a la vejez es un invento del capitalismo, es la prolongación del consumismo: se demanda más cremas antiarrugas y no solo me refiero al viagra, sino a teñidos más sofisticados que la tradicional carmela, a usar colita en el pelo o aritos; y si pertenecemos a una capa de ingresos altos, hasta podemos llegar a intentar la gran Legrand. El temor a la vejez hace que la ocultemos, que sea considerada como algo indigno.
En nuestras vidas vamos superando, viviendo, distintas etapas: somos niños, jóvenes, adultos, y finalmente el premio de llegar a viejo. Nosotros atravesamos las cuatro etapas de la vida y si negamos una, tendremos problemas. Cuando por no acceder a un mínimo de confort o cuando se nos forma exclusivamente en un mundo de concentradas riquezas materiales, perdemos la infancia y perderemos la capacidad de soñar, de ser creativos. Si se nos reprimió la adolescencia a fuerza de tener que ser adultos o empastillarnos y sus variantes, vamos a perder la rebeldía. Lo importante es seguir creciendo, es como pasar por distintas estaciones. Como sostiene el psicólogo Alfredo Moffat (Terapia de Crisis. La emergencia psicológica), en cada una hay que bajarse y tomar el otro tren (son las crisis evolutivas). Algunos se bajan en una y ahí se quedan, no siguen en el viaje de la vida.
Ser un geronte es una etapa muy rica porque es la época de la reflexión, es cuando podemos expresarnos como filósofos y de sentir la fuerza de la libertad sartreana. Algunos comienzan a temerle a la muerte; de todas maneras, el final del proceso de la vida es un tema negado en nuestra cultura. La agonía, a veces tiene características traumáticas, como algunos partos al inicio.

Se puede tener setenta, ochenta, noventa o más años años, y tener proyectos, que es lo que aleja a la muerte. Lo decía Pichón Rivere anciano: “la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos”. El tema es la construcción de la esperanza.
Buscaré no convertirme en un trasto viejo y disfrutar el camino a la vejez, sin ignorar sus miserias pero sin dejar de disfrutar sus ventajas. Y no es algo que parezca difícil. Pensaré qué cosas haré apenas termine esta, siempre viviré el hoy y querré hacerlo mañana. Daré un sentido al tiempo. Así lo aprendo en la serenidad de mi padre, en los planes para continuar el futuro que me cuenta mi noventosa madre; porque después de todo, los padres que no le tienen miedo a la muerte educan hijos que no le tienen miedo a la vida.

Post scriptum: Publique esta nota cuando cumplí sesenta años; hoy, cinco años después, no tendría nada para agregar salvo, que lo estoy disfrutando mucho, que sigo teniendo proyectos, y que amo la vida más que nunca.
Mi padre partió a los 91 años y nos enseñó que teníamos que aceptar la muerte como parte inseparable de la vida; mi madre hoy tiene 95 años y medio, y sigue haciendo planes para mañana.

Juan Carlos Ramirez.

sábado, 7 de mayo de 2016

Primeras veces

Ella no pudo elegir,
su primera vez no amó de buena gana.
Se canso de esperar y fingir,
de sufrir por mala cama.
Frustrada y cansada
se dijo, no quiero
más noches sin dioses,
yo quiero los soles.
Y salió en busca de ser amada.

En sus suaves piernas
se calzó las botas
pintóse de rojo
y ardiendo en hoguera
salió esa mujer tierna,
apenas cubierta
por corta pollera.



Lo encontró donde quizo,
disfrutó su destino.
Regreso a su casa
con amplia sonrisa y un:
"Esta noche no, querido".

Juan Carlos Ramirez

Herramientas



Cuenta Pablo De Santis, que de chico le sorprendía que su padre se detuviera delante de las ferreterías, y se preguntaba ¿Qué podían tener de interesante taladros, pinzas, martillos, caja de herramientas? Sin embargo años después descubre, como muchos, que él mismo se quedaba extasiado delante de las máquinas que no sabía para qué servían, o herramientas que jamás iba a usar. Observa que a todo el mundo le pasa más o menos lo mismo, nos sentimos atraídos por objetos alejados de nuestras experiencias y habilidades.
En la nota, nos trae que estaba mirando la vidriera de una librería cuando un hombre se detuvo admirado por los títulos o las portadas de colores, pero su esposa lo arrastró del brazo al grito de “¡Esos no, esos son libros para leer!”. Sintió en el hombre el mismo asombro ante los libros que el que sentimos todos ante la más complicada herramienta.
Que nos atraigan las cosas que nos interesan es algo lógico; que nos atraiga lo que no nos interesa es un enigma. En un mundo dominado por lo virtual, por las representaciones, es decir, de ausencias, los objetos no electrónicos recuerdan la experiencia de hacer algo con las manos: reparar muebles, escalar una montaña o pintar un cuadro. Toda la actividad humana es fascinante, y cualquier instrumento que permita modificar la realidad es heredero de la primera herramienta del hombre, haya sido una cuchara o un hueso para partir cabezas (como propone la película 2001 – Odisea del espacio). Nos gustan estos instrumentos ajenos porque nos hablan de la capacidad de transformar las cosas, sostiene De Santis.
La educación es también una herramienta y como tal, modifica realidades, y como instrumento no me es ajeno. Es lo que conozco y sin embargo, siempre me fascina, como cuando escuchaba y veía en acción a mis profesores explicándome química, procesos sociales, hablando en otros idiomas, descubriéndome los mundos de la literatura o los juegos matemáticos. Sustituían mis ausencias, mis representaciones, mis saberes previos basados generalmente en pensamientos mágicos. Modificaban mi futuro y potenciaban mi capacidad de elección.
Sostiene el escritor que al ver objetos alejados de nuestra experiencia y habilidades, nos hacemos conscientes de las vidas posibles que hemos dejado atrás. Nos recuerdan que por cada elección que tomamos, muchas otras quedaron abandonadas. Detrás de los objetos acechan las capacidades que no desarrollamos, las experiencias que no tuvimos. La capacidad de elección nos recuerda la libertad sartreana pero qué hay de las ataduras del desconocimiento, la que narraba el Sócrates de Platón. La herramienta educativa es la vía para lograr mayores/mejores libertades. Es la más adecuada para abrir caminos a vidas posibles o, empujar peligrosamente hacia los destinos cerrados.
Nuestro trabajo como docentes logra que la vida se aparte de las ficciones alejando al estudiante de las posibilidades de un final único, lo que le quitaría sentido a nuestras historias. Los educadores somos los pretendidos idóneos, titulados o no –siempre el oficio pesa-, somos los que estamos posibilitando ampliar las posibilidades de tomar decisiones, aún, las equivocadas.

Por Juan Carlos Ramirez

martes, 29 de marzo de 2016

Las Memorias Locales sobre el Terrorismo de Estado

La Comunidad Educativa a través de SUTEBA, la Biblioteca Pública Alfonsina Storni y la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza, organizaron el Primer Homenaje a Nuestros Desaparecidos Locales.
El evento, tan deseado como postergado, finalmente se llevó a cabo el pasado miércoles en las instalaciones del Teatro Municipal del Centro Cultural Amigo Néstor, de José María Ezeiza. El tema de los desaparecidos locales ha sido siempre soslayado por las instituciones políticas locales y por supuesto, por el municipio mismo. Institucionalmente recién en el año 2009, se realizó en la sede del Partido Justicialista comunal, un recuerdo y reconocimiento a Marta Cecilia Alonso, víctima de desaparición forzada; para Eduardo Ramos Mejía, el primer homenaje, la imposición de una baldosa memorial en la vereda frente a su domicilio natal, fue colocada por H.I.J.O.S. el 8 de junio de 2013. Sobre el primer desaparecido, Eduardo Alberto Delfino, nada se había realizado aún.
La apertura fue realizada por la docente Alicia Corvalán, gestora exitosa que enfrentó todos los obstáculos previos, quien presentó los videos realizados por los alumnos de las escuelas ES 3 de Tristán Suárez (Hay verdad imposible de callar), y el de la E. Especializada en Arte N° 1 de Esteban Echeverría (Historia de una búsqueda); ambos pueden verse en youtuve. Los dos informes fueron tan cuidadosos como esclarecedores, tanto el de Sara Peretti, Madre de Plaza de Mayo y vecina de Tristán Suárez, como el de Alicia Delfino, hermana de Eduardo Alberto. Es destacable la labor de los estudiantes y el de los docentes que los guían, así como la contención y el impulso que da la Comisión Provincial por la Memoria para el rescate y socialización de las Memorias, entre otras instituciones. Las proyecciones fueron seguidas con suma atención por más de cuatrocientos asistentes, entre los que se contaban alumnos de escuelas públicas y privadas, docentes, agrupaciones culturales y políticas como Docentes vs. Neoliberalismo entre otras, amigos, compañeros de la escuela secundaria de Eduardo Delfino, y familiares.
Se conformó además, una mesa con una ronda de preguntas hacia hermanos, hijos y madres de desaparecidos y el cierre lo realizó la citada ES de Arte de Luís Guillón brindando la poesía Ubi sunt", cerrando con "Dinosaurios", una emotiva danza sobre los desaparecidos bailada por los alumnos con coreografía de profesoras de la Institución, tras lo cual se otorgaron diplomas de reconocimiento y Aníbal Balmaceda, Secretario General de SUTEBA y la CTA Echeverría-Ezeiza, pronunció palabras al respecto.

jueves, 17 de marzo de 2016

Jóvenes + padres + escuelas = Identidad

Debemos recuperar a la escuela como transformadora de la sociedad. De todos nosotros depende, tenemos que ser concienzudamente protagonistas. Necesitamos que los alumnos acudan a la escuela para aprender con el apoyo de sus padres, quienes deben volver a ser soporte, control y colaboración para ayudarnos a ser mejores maestros y profesores.
Sin sólida base educativa no puede existir identidad nacional, es necesario educar con sentido nacional y regional para recuperar nuestras identidades. En las páginas de los periódicos locales notamos la activa participación de vecinos advirtiendo, realizando o agradeciendo. Este espíritu comunitario debe ser reconocido y ampliado. 
Lo necesitamos si queremos construir una sociedad diferente con normas ordenadoras. No desde el autoritarismo aniquilador de lo diferente, tampoco desde el desinterés por el proceso social que nos condujo hasta nuestro presente. Deberíamos valorar y potenciar a nuestros hacedores locales, integrarnos a las cooperadoras escolares o a las diferentes instituciones que trabajan para ir en busca de la concreción de nuestras nuevas utopías. 
Narraba Juan de Salisbury (alrededor del año 1.130) que los contemporáneos somos "enanitos encaramados sobre los hombros de gigantes", afirmando que "veíamos más y más lejos que nuestros predecesores, no porque tuviéramos más aguda visión o mayor altura, sino porque las gigantescas proporciones de aquéllos nos elevan y sostienen." Tenía en claro que por el pasado había que tener respeto porque gracia a él teníamos la posibilidad de alcanzar un horizonte cognoscitivo más vasto. Los gigantes mencionados se encuentran constantemente a nuestra disposición, solo tenemos que acercarnos a nuestras escuelas, a las bibliotecas, al Museo de Historia Regional o a la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza.
Tocamos hoy un tema de nuestra contemporaneidad porque toda historia es presente cuando la pensamos. Destacamos la necesidad de actuar juntos porque así nos construimos como Nación. Llamamos a pensar la historia nacional desde lo regional porque aquí vivimos.

Juan Carlos RAMIREZ

viernes, 4 de marzo de 2016

El Voglino. Que la utopía pueda continuar



El Profesorado inició sus actividades en 1998 con una matrícula compuesta por 35 alumnos de la carrera de Historia y Matemática. Del seguimiento de las cohortes se presenta que en el 2001, la matrícula ya alcanzaba un total de 117 estudiantes en ambas carreras. Es necesario remarcar que la disponibilidad y capacidad de las aulas de la institución que las facilitara, el Instituto Cultural Tristán Suárez, fue lo que marcó el número límite de estudiantes aceptados, muy inferior a la demanda de plazas. El ISFD Elvira J. R. de Voglino, es el único oferente de formadores de nivel terciario con competencia en escuelas secundarias, de allí la importancia que reviste su acción en el ámbito educativo local, siendo el centro geográfico entre instituciones terciarias con sede en el distrito de Cañuelas y en Esteban Echeverría. Debe agregarse además, que es el único instituto terciario no subvencionado en el Municipio.
El rápido crecimiento poblacional del Distrito Ezeiza, basta ver las cuantificaciones censales del 2010, provocó una demanda de docentes en el que nuestro ISFD participó eficientemente. Debe destacarse que en su historial no solo aportan profesores titulados, sino que el sistema ha habilitado a sus estudiantes de cursos superiores a acceder al ejercicio para los que se están capacitando, aún antes de recibirse.
Si bien los números son elocuentes en cuanto forman docentes en la medida en que sus limitaciones edilicias lo permiten, y de su rápida absorción por el sistema educativo, existe un desgranamiento en los cursos superiores debido a una deserción provocada por falta de recursos económicos. El ISFD Elvira J. R. de Voglino, consecuente con su espíritu cooperativo y alineado con el criterio de inclusión creciente, sostiene un número de estudiantes becados en su totalidad e incluso, no impide la continuación de la formación a los que no pueden, por los motivos que fuere, abonar las cuotas.
Al encontrarse los profesores con su capacidad de financiamiento agotada, ya que el ISFD sólo distribuye para viáticos, es necesario para continuar con la meta, con la necesidad de sostener capacitando a los docentes distritales, tener acceso a una subvención que les permita seguir sirviendo a la Comunidad a la que pertenecen y dan respuestas desde 1998.

 Juan Carlos Ramirez