domingo, 10 de abril de 2011

El sentido del periodismo local y La Palabra de Ezeiza

El sentido pasaría por intentar reflejar todas las voces a coro de la población, aunque fuera un coro que sonara un poco destemplado, ése sería nuestro mayor deseo: la polifonía de la palabra. Volverle a dar significado esencial a la palabra plural porque se lo merece por su riqueza. Ampliar el abrazo de la palabra porque la palabra sirve para comunicar, tender puentes, comprender.
El sentido podría buscarse ampliando aún más la cobertura de notas. Tal vez no fuera algo complicado, el distrito es grande pero no tanto. Y no sólo a los que cursan invitación por un evento, también podría permitirse con mayor asiduidad la espontaneidad y la producción. Entonces, imaginamos el potencial alojado en los colaboradores espontáneos que puede haber, por ejemplo, entre los docentes que trabajan a diario con alumnos curiosos. Pero claro, alguien dirá y es cierto: hay que escribir y/o acercarse al semanario. O el semanario puede también acercarse a la nota, a la entidad, al vecino, al caso, al tema. Y eso se hace, de un lado y de otro.
El sentido del periodismo local existe si puede interrogarse con sentido crítico sobre todo lo que nos rodea cotidianamente: los vínculos, el paisaje, los vecinos. Eso no significa preguntarle al perro que uno tiene como mascota si se siente realizado en esta vida, sino apuntar a despojarse de la mirada naturalizada del entorno, imaginar cuánto hay de construído en todo eso. Y consecuentemente, considerar en qué puede uno desde su lugar, o varios, a colaborar para mejorar ese entorno. Particularmente, encontramos ese espacio en el semanario en la historieta de cada semana, La barra de Carlín y Carlón, ellos son nuestros filósofos con todo lo que eso puede tener de risueño… o de patético.
Y el sentido local que le hallamos al semanario, también, es el de ser “el” prácticamente único espacio de contención para los que impulsamos a diario la vida cultural del distrito. Digo casi, porque no puede involucrar aspectos culturales que tienen una dinámica que excede el biplano y la tipografía blanco y negro, pero, así y con todas esas limitaciones, siempre dá cuenta de esas expresiones. De hecho, la oficina de La Palabra de Ezeiza es un centro cultural a escala donde disfrutamos de conmovedoras manifestaciones de arte.


Lic. Patricia Faure.
Nota: a propósito del 16to. aniversario del periódico

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