miércoles, 2 de agosto de 2017

Despistados.

Nos, los despistados, tenemos cosas tan importantes en las que pensar que olvidamos cuestiones secundarias, como la fecha de los cumpleaños o herencias millonarias. Según he leído, perdemos varias cosas por día: el paraguas, el teléfono o las llaves, las que a veces no las perdemos, sólo que la dejamos del lado de afuera de la puerta.
Quién no ha perdido alguna vez el colectivo, el tren o un avión (después de todo parece algo normal, las autoridades perdieron una avioneta hace una semana y todo bien). Todos nosotros hemos perdido libros que hemos prestado, y las biromes, quién no las ha perdido por docenas, si hasta he pensado encadenarlas a mi mano. No me avergüenza decir que a veces he perdido el hilo de la conversación y quien no; si es un hilo es finito y yo no veo sin anteojos (lo que me recuerda que a veces lo pierdo y ningún drama, suelen estar sobre mi propia cabeza). He perdido peso pero no me preocupa, los recupero y amplío el finde en asado con los amigos, con aquellos que torna agradable perder… el tiempo. Aunque a veces, entre tinto y tinto, uno pierde la dignidad.

No solo a mí se me pierden las cosas, mis amigos a veces me pierden y casi siempre coincide cuando me pongo a contar cuentos, de esos de los que me olvido el final. Nunca he perdido una cuenta off shore y eso es preocupante pues al paso que voy, difícil que pueda tener una y agregarla a mi colección. Sé que me falta perder algo pero no tengo apuro, la esperanza es lo último que se pierde. Solo me preocupa algo, saber cuándo y dónde he perdido mi jopo, mi hermosa melena enrulada.

Basado en una idea de J. Rubio Hancock. Dedicado a C.A.R.