La educación no debe limitarse a la transmisión de conocimientos sin incluir la formación en valores y actitudes positivas. Es necesario que los docentes motiven, que contagien entusiasmo; claro que ningún docente podría lograrlo si no se alimenta su propia motivación, si no se siente acompañado por la comunidad. Y ahí entra el tema de la familia.
La autoridad del docente es una construcción social en donde interviene el conocimiento, la capacidad de enseñar, la coherencia, y la valorización de la escuela por parte de la familia. Si como adultos, apañamos incondicionalmente a nuestros hijos/alumnos, estamos diciéndoles que los docentes no son confiables, y por lo tanto, no vale la pena seguirlos. El resultado inmediato es que nuestros hijos “tienen que ir a la escuela porque es obligación”, y se pierde la perspectiva de que “pueden ir a estudiar porque es su derecho”, y que la obligación de los padres es enviarlos, facilitarles los estudios, educarlos para que puedan construir su tiempo con mayor justicia social.
La seducción del aprendizaje es la consecuencia de un proceso de buena enseñanza centrada en una exigencia coherente y la autoridad de un docente capacitado, acompañado por la familia. El rol de los padres, de cualquier integrante de la familia incluso en su acepción más amplia, es fundamental. No solo refiero al valor que le den a la escuela, sino el respeto hacia la figura del maestro/profesor. Por más esfuerzo que realicen los docentes dentro del aula, la valorización comienza en el hogar, es tarea familiar.
No es absorbente la tarea de acompañar a nuestros hijos; y si lo es, son nuestros hijos. Debemos alentarlos, marcarle sus logros; considerar que no es lo mismo acentuar el qué nota va a sacar, que decirle que “aprenda todo lo que pueda”. Facilitarle el acceso al conocimiento, crearles entornos de aprendizajes; no hacerles la tarea, ayudarlos a organizar su tiempo (fundamental), darles reglas.
Evitemos desvalorizar a la escuela frente a los niños, el respeto de los chicos es en buena medida, reflejo del respeto que ven en los adultos. Acerquémonos a las instituciones y presentemos nuestras dudas y requerimientos, involucrémonos con sus necesidades y demandas. Si no podemos acudir a las reuniones, tratemos que algún familiar o allegado, acuda.
El pacto tácito con la escuela siempre comienza confiando en el rol docente, en su criterio. En cuanto a nos, los docentes, recordemos que: “El mundo en que vivimos ha alcanzado una fase crítica. Los hijos ya no obedecen a sus padres. Por lo visto, el fin del mundo no está muy lejos” (sacerdote egipcio; 4000 AP).
Juan Carlos Ramirez Leiva

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